domingo, 21 de agosto de 2011

Microrrelato'


Microrrelato: Hoy he subido un buzo rojo hasta mi cuerpo, ayer pude decirle basta al internet, en el futuro podré dejarla-ella dice saberlo''. Hoy pensé en ella, ayer escribí de nuevo en un papel, en el futuro tal vez podré borrar el pasado con más y más escritos. Hoy no sé qué pensar pero sé lo que piensa ella, eso basta para que yo me detenga, claro, he demostrado no querer hacerlo, pero es lo que ella quiere. Porque se puede vivir sin pensar, eso dicen, tal vez para mí eso no se cumpla, pero se cumple que ya no pensaré en ella, no tanto como antes, la dejaré en su planeta de nubes amarillas.
 
Lancé una mirada fugaz hacia el cielo y se atravesó la luna, pero dije que la próxima la vería con ella y aun después de todo; espero poder cumplirlo. A ella al parecer un río de decisiones se le mezcla en su cabeza y no está mal, tal vez no piense en mi corazón, en mi vestido en esta cara triste con este sweater rojo. Ella quiere olvidarme y no sabe lo que yo, jamás lo hará y yo sueño en que se dé cuenta de eso, en que evite recordarme en que quiera tenerme al lado, en que no tenga que repetir mi nombre, porque otras palabras le saldrán de sus labios. Yo sueño en que un día sus ataduras se vayan, la dejen sola y ahí podré acompañarla, pero no sé bien lo que busca, o lo que no. No sé si lo que me pide es esperar o es que huya. No lo sé. Aun no aprendo a leer sus silencios. Aun mis ideas son tan escasas como para no saber lo que ella sabe, lo que ella ve, lo que ella sufre. Aun mi sentimiento es tan pequeño que no me alcanza para definirla a ella como una luchadora contra sus sentimientos, como una triunfante del desamor, como una vencida por su cerebro por esa mente que también soñó pero lo dejó pasar. Tal vez mi arrebatado corazón descubrió que con el suyo no estaría unido, que sus latidos iban a ser distantes, sonantes, y no encontrarían simetría con otro. Tal vez aun me quede el recuerdo, la soledad y la alegría de tantos días, de tantas risas que me regalaste o que pude robarte, un robo con los ojos abiertos
>>Era como estar cometiendo un robo, pero un robo autorizado por la víctima, lo que todavía me asombra. Talvez, me queden los detalles, la sonrisa sincera, el recuerdo de un sentimiento dibujado plasmado en tantas palabras, tal vez me queden sus besos, mis labios son expertos en absorber lo que no volverá a tener, son expertos en sentir lo exquisito y pasajero, lo hermoso y transparente. En mis labios también supo quedarse.

Este conjunto de ropas rojas se rehúsan a bajar, pero yo me desnudaré de lo diurno una vez más, dicen que el dormir, es el olvido pequeño. Allí la olvidaré-mentiré pensando eso-así que espero que de nuevo no se incluya entre mis sueños y que si lo hace esté segura de hacerlo. No de que la sueñe, sino de ser soñada, de ser metida otra vez en esta fábula, otra vez en este cuento que se trunca con el azar de tantas noches, de tanto vacío. Esta vez quiero dormir, queriendo que haya un mañana, esta vez también dejo muchas cosas para después, esta vez no me aterra el futuro, lo sueño y espero. Esta vez arruinaré mis miedos y les daré 6 horas de sueño para que se vayan solos y en paz, esta vez vuelvo a abrirle las puertas a la soledad, la dulzura y acaso muchos momentos de felicidad. Los espero pronto.

Era un microrrelato así que ha terminado-ya alcanzo a ver el sweater rojo.

Tomasso’ 18 Giugno 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

Mezcla de presentes

Hoy como por diversidad me encuentro en una relación que no es relación, no sé lo que es; me atrevo a decir que es magnífica que es como la había esperado pero…no me llena del todo, es difícil que mi personalidad aprenda a encontrar cosas distintas de lo que siempre ha vivido, pero cuando lo hace tampoco le es fácil acomodarse a ellas. Me es difícil el cambio como a todos, claro está, siempre con las intenciones más firmes de dejarlo, de abandonarme al deleite de las cosas simples, del gozo de una realidad menos complicada y dejar que los cambios sean parte de esta vida rutinaria y así situarme en una especie de irrealidad propia, vivible, eso de cambiar…, tal vez no sea tan cierto pero se le debe dar el espacio al tiempo, al espacio, o esos otros espacios que no conozco y tanto bien me harían.

Escribo casi tres años adelante, después del inicio de la primera frase y al no recordar muy bien los tantos detalles que me invitaron a hacerlo, al menos reincorporo en este escrito alguna de las sensaciones de esos días. El miedo por ejemplo, los cambios que pensándolo bien son tan irrepetibles y tan inevitables; claro se pueden escoger, algunos hasta inventarlos de la nada, o darles matices parcialmente más vivaces o más apetecibles, pero al fin los cambios se dan solos, no más te despiertas un día y apareces con un miembro más largo, con un vello en alguna parte más largo o más oscuro, con otras cuántas neuronas destruidas por algún pensamiento inconcluso, o por el contrario con más células dentro y claro, llevando entre ellas una reproducción de la cuál ni te das cuenta. Tal vez, ahora que lo pienso con un poco más de tiempo entre manos, creo que muchos de los cambios de los que creo, sucedieron solos, pasaron por alguna de mis locuras, claro; justo en el momento en que nos sentimos menos locos, menos negligentes, nos vamos al extremo contrario donde por alguna razón digna de llamarse estúpida esquivamos todas aquellas razones que nos mueven a hacer las cosas bien, a marchar sobre los rieles de nuestras costumbres o a lograr aquellas cosas que siempre dicen, te hacen felíz. Yo, en palabras de otros, he desperdiciado algunos miles de minutos acostumbrándome a no acostumbrarme como dice Tomas Mann en su ‘Montaña Mágica’. No es de esperarse que diga que soy felíz o alguna mentira similar, pero al menos he tenido varios momentos de sosiego, de paz que si los cuento o si los recuerdo podría recuperar algunas imágenes que fuera de ser irrepetibles, son también incomparables, imágenes que me remontan a otros tiempos, que me recuerdan que yo también he sonreído con verdadero entusiasmo, que he querido desde dentro y he dado todo de mí algunas veces. La tristeza es una señora a la que no me place saludar, sus visitas son repentinas y me deja huecos deshabitados.
Ha cambiado mi bigote que ahora se antoja por ser visible, han cambiado mis brazos veces innumerables a veces flácidos a veces tan fuertes que asombran, ha cambiado mi cabeza o su cabello que en realidad me sabe dar tantos cambios que solo él. Ayer no más, al querer darle un matiz distinto noté que ya se estaba haciendo grande y que sus hijos allá en las puntas cada vez se hacen más rebeldes y no es por hablar mal de ellos, ahora mismo no se inclinan a revisar esto que digo, pero dudo que no lo hagan en pocos días. Mis manos tienen surcos que antes no se hacían tan evidentes, mis ojos son más claros, al parecer los rayos de sol si han logrado algo en mí.
Cambios tan invisibles como cualquiera que quisiese hacerse ciego, o tan inconstantes como los climas de estas tierras abandonadas a veces hasta por mí, tan insufribles como los despertares nocturnos y obligados de tantos que como yo no los evitan, si detrás de ellos están los sueños no desesperados, el anhelo libre y constante de ser mejores, de ser alguien, de dejar huella, de arrepentirse de las cosas no hechas un segundo y seguir sintiendo esas fuerzas arrolladoras de lograr tantos planes que rebullan y se revuelcan, como ahora en mi cabeza, que ahora sostiene unos cabellos oscuros, casi rubios , esos que un día serán grises. Puedo imaginarlos blancos y quiero recrear esa imagen con una sonrisa…
Tomasso’ Dicembre 2008 - 10/09/11