Tienes
la magia en tus manos y en tus zapatos. Esas tienen el poder de llevarme adónde
normalmente no voy, adónde temo llegar, esas saben darme confianza, saben como
quitarme el frío y la desesperanza. Los otros, y no se como, conocen los
mejores caminos y han dado unos acertados pasos, algunas veces he visto como se
acercan a los míos, sin miramientos, sin preguntar y sin arrepentirse, esas
veces –digo siempre-, son las mejores ‘veces’ de mis días.
Es
irremediable sentir culpa o culpas cuando se cree hacer mal en más de una
ocasión, pero es remediable sentir satisfacción, alegría, eso si tiene mucho
remedio. Uno puede tomarse con las manos la cabeza y de tanto querer zafarla,
en algún momento se entenderá que se está aburrido, que se está insatisfecho de
esa maniobra tan obsesiva, compulsiva y sin sentido. Es bueno, eso sí, darse
cuenta de lo que se quiere, darse un pellizco de vez en cuando y arrebatarse
uno mismo el sinsabor, conocer por qué la felicidad no había sido completa y
empezar a completarla; como yo lo intentaré ahora –a tu lado si lo quieres.
Había
pensado que no me conocía lo suficiente, pero en eso siempre miento y hoy lo
corroboro, estoy contento, y eso no es malo, pude por ejemplo en el mismo
momento de sentirme así, verme desde el frente, notar como mis comisuras se
hacían notar y delineaban con otras líneas una sonrisa que sostenía por
minutos; noté también como temblaba cual si estuviera en un clima de menos
cinco grados centígrados y no era así. Eliminaste el otro mundo, el que conozco
cuando no estás, y desapareció, sólo estabas tú y esa sonrisa tierna que me
libera de una prisión sin sentimientos.
Ahora
escucho a Eddie Vedder y a su End of the
Road y recuerdo, aun no puedo desprender ese sueño real, de esto otro que
vivo y siento tan irreal, busco tu olor en mi chaqueta, y aparece tu esencia en
mis pensamientos. Has logrado despertar el loco soñador y romántico que siempre
he sido, pero sobre el cuál pongo una máscara, para no dejar notar lo que sólo
una persona debe hacer.
Veo
lugares que no conozco, con innumerables montañas y altos cipreses, veo ríos
difíciles de cruzar, pero si mis dedos entrelazan los tuyos, mi miedo será
nulo.
No
será fácil sonreír todo el tiempo, pero seré un payaso para cuando sea
necesario. Aun no conozco mi magia, pero tengo tanto valor como si lo supiera,
tengo pedazos rojos de algo que dentro de mi pecho tú unes y formas. Tengo una
libertad que tú me das y me quitas.