domingo, 25 de agosto de 2013

Long nith'

Tienes la magia en tus manos y en tus zapatos. Esas tienen el poder de llevarme adónde normalmente no voy, adónde temo llegar, esas saben darme confianza, saben como quitarme el frío y la desesperanza. Los otros, y no se como, conocen los mejores caminos y han dado unos acertados pasos, algunas veces he visto como se acercan a los míos, sin miramientos, sin preguntar y sin arrepentirse, esas veces –digo siempre-, son las mejores ‘veces’ de mis días.
Es irremediable sentir culpa o culpas cuando se cree hacer mal en más de una ocasión, pero es remediable sentir satisfacción, alegría, eso si tiene mucho remedio. Uno puede tomarse con las manos la cabeza y de tanto querer zafarla, en algún momento se entenderá que se está aburrido, que se está insatisfecho de esa maniobra tan obsesiva, compulsiva y sin sentido. Es bueno, eso sí, darse cuenta de lo que se quiere, darse un pellizco de vez en cuando y arrebatarse uno mismo el sinsabor, conocer por qué la felicidad no había sido completa y empezar a completarla; como yo lo intentaré ahora –a tu lado si lo quieres.
Había pensado que no me conocía lo suficiente, pero en eso siempre miento y hoy lo corroboro, estoy contento, y eso no es malo, pude por ejemplo en el mismo momento de sentirme así, verme desde el frente, notar como mis comisuras se hacían notar y delineaban con otras líneas una sonrisa que sostenía por minutos; noté también como temblaba cual si estuviera en un clima de menos cinco grados centígrados y no era así. Eliminaste el otro mundo, el que conozco cuando no estás, y desapareció, sólo estabas tú y esa sonrisa tierna que me libera de una prisión sin sentimientos.
Ahora escucho a Eddie Vedder y a su End of the Road y recuerdo, aun no puedo desprender ese sueño real, de esto otro que vivo y siento tan irreal, busco tu olor en mi chaqueta, y aparece tu esencia en mis pensamientos. Has logrado despertar el loco soñador y romántico que siempre he sido, pero sobre el cuál pongo una máscara, para no dejar notar lo que sólo una persona debe hacer.

Veo lugares que no conozco, con innumerables montañas y altos cipreses, veo ríos difíciles de cruzar, pero si mis dedos entrelazan los tuyos, mi miedo será nulo.

No será fácil sonreír todo el tiempo, pero seré un payaso para cuando sea necesario. Aun no conozco mi magia, pero tengo tanto valor como si lo supiera, tengo pedazos rojos de algo que dentro de mi pecho tú unes y formas. Tengo una libertad que tú me das y me quitas. 

martes, 18 de junio de 2013

Palabras

Lar armas que yo disparo son dardos sin tinta y sin punta, pero duelen, digo yo, a mí me duelen, viera usted, me duele al dispararlos, cuando los pongo ahí tan suave como puedo, dejan una marquilla en los dedos, un halo, quedo cómo quemado, porque eso que siento no lo vuelvo a sentir, ese humo se va.
Haga lo que yo, inténtelo, se le perderán esos cartuchos, dispare, dispare cuántas veces quiera, hágalo con rabia, con dolor, porque duele, y usted no lo sentirá como yo, porque usted no sabe disparar, apenas y conoce esas armas, apenas y sabe que significan, cómo se toman, cómo se agarran a dos manos; entonces aprenda, no le irá mal, no al final. Sienta el arma en sus dedos, esa conexión, esa transformación que usted les puede dar, y lo distinto que puede ser el matar con una bala así. Hiera. No mate. Use bien su cabeza, no es un sombrero, póngale uno y empiece a sospechar si no se enoja, si todo le parece bueno, si le sonríe a la injusticia, si sigue callado. Sospeche de todo, se ha preguntado el porqué del arco iris, o acaso es común y normal ver ese arco de colores inmenso en una cordillera, usted no escoge eso, usted lo que escoge es poco, pero elija, es bueno saberse útil, que se está vivo, así sea mentira, hay muchos que están muertos durante años, después cierran los ojos por siempre.

Señálese de vez en cuando, dude de usted, de lo que dice, de las cosas que hace, estoy totalmente convencido que puede ser mejor, y debería. Pinte unos colores distintos, hágase una silueta del reflejo que proyecta; encontrará aristas que jamás creyó ver en un espejo. Alargue sus manos y toque sus pies, inténtelo las veces que necesite para lograrlo. Afine su voz, sólo tiene una, repítase sílabas, dígase palabras que nadie le dice, de vez en cuando, una o dos veces por semana, conózcase, recicle eso que quedó de usted, no son desperdicios, es usted, son sus pedazos; analice de nuevas esas pestañas, esas pupilas, concéntrese. Es usted ese que ve. Si no. Búsquese. Aprenda a palpar esas cejas que ve, esa nariz respingona, ese cabello. Vaya y muestre todo lo que usted ya conoce, venderá fácil y mejor. Eso sí, no se regale, que usted vale, sino, pregúntese todo lo que ha tenido que soportar para tener los años que tiene, pregúntese cuántas cosas han tenido que pasar los demás para que usted ahí, viendo borrones en un espejo. Nada es gratis. Ni siquiera lo que escribo. Esto me cuesta. Saberme tan humano, tan despiadadamente humano. Sentir celos, sentir rabia. Sentir. Siento cómo usted se va, como se pierde. Vuelva. Aquí está nuestro mundo, sólo hay que reinventarlo. Ponerle un vendaje. Mostrarle más y mejores obras de teatro.

Me gusta el sonido de la lluvia y el de las palabras en mi boca, en mis dedos.


Tomasso’ 22 Aprile 2013

Solo un día para toda la vida

Así lo viví yo. Desde que me desperté a las siete horas de hoy estaba pensando en ese momento, en esa noche, en esos ojos. Todo estaba preparado. El vestido, las medias, los zapatos, todo reposaba en mi cuarto, junto a la almohada, eran ese tesoro recientemente adquirido, partes de lo prontamente acaecido. Ya después del desayuno iniciaron las palpitaciones, las llamadas, las sonrisas acuciadoras, los apretones de mano. Yo empecé estando tranquilo, me vestí como todos los días, sabiendo que éste no era cómo todos. Estuve mejorando puntos de noches atrás, acompañado de hermanos y otros familiares, iba de allí para allá, mejorando los pormenores, sumando detalles. La aguja horaria de mi reloj parecía girar más deprisa y vino el momento de vestirme de mejorar detalles, ahora frente al espejo, de blanco, con ese pantalón ajustado y esa chaqueta que tan bien, decían que me lucía. Pasaron horas, para mí, escasos minutos, y ahí estaba. 
Caminaba despacio, no quería repetir ningún segundo. Era único. Observé a los que estaban allí, amigos y familiares, y no pude disimular una sonrisa, una que permaneció toda la noche, bebía la felicidad a tragos largos. Después fueron las risas, las palabras, las miradas. Verla entrar así de blanco, tan sonriente, sentir acelerarse mi corazón y empezar ese camino, sin ella, pero esperándola, yo sabía que me seguiría, lo había hecho durante años. Y así fue, como si nunca la hubiera tenido entre mis manos, la sostuve, la llevé unos metros adelante, solos, para mí, para los dos. Era nuestro momento. Todos lo sabrían. Y le hablé, pude sentirle el pulso, ver sus ojos, a través de ese hermoso velo, y sólo quedaba esperar. Sentir ese deseo de besarla por primera vez, pues olvidé todos los besos, todas las miradas, estaba reconociéndola, era ese momento donde nuestras vidas se unían, dónde empezaba a llorar por ella, dónde sonreía por ese regalo grande que se me estaba entregando. Jamás podré repetir esa sensación. No la he necesitado tanto cómo hoy. No la he extrañado tanto cómo hoy, la saludan y la besan; se despiden, se va conmigo. Iremos a conocer un mundo para dos, todo es nuevo. Los colores ahora relucen, y la fantasía es nuestra fantasía, se reviste de verde, brilla, se mete en nuestros pensamientos, en nuestros corazones, difícil sacarla.

Ya sé que todos estaban contentos, yo fui feliz. Y la llevé ahí junto a mí, era mía y yo era suyo. No lo olvido y constantemente se lo recuerdo.





Tomasso’ 21 Aprile 2013

domingo, 26 de mayo de 2013

Hay que ser realmente idiota para.. (Fragmento)

Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez  que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

Julio Cortázar

viernes, 17 de mayo de 2013

Paréntesis


(Dentro de un gran paréntesis) Usted me vio, ahí estaba, y no me vaya a decir que con esos grandes ojos no ve, no soy tonto, aunque tenga ojos pequeños. Así se va la vida, dentro de varios paréntesis que usted va abriendo y a veces ni sabe cuándo cerró, pero se cerraron. Renueve esa cara triste, la tiene deforme y ni siquiera triste se ve y no me diga que no se da cuenta, piense cuanta gente le sonríe y búsquele causa a esa ausencia de gestos en usted. No moleste mis sentidos y agítese ese cabello, haga que la vea porque no la veo, sólo están ahí ciertos detalles sucios y nubados de alguien que no es usted, pero ahora la definen. No se niegue la posibilidad de ser alguien, de sentir que vive.

Usted no lo sabe pero ya la vi sonreír y que bien se le ven esos dientes blancos, claro usted no viste como la vi, tampoco es tan desorganizada y mucho menos tan impuntual, porque ha dejado de venir a mis recuerdos, ya no le veo antes de dormir.

Usted no tiene razones para hablarme, buscarme o algo parecido y yo tampoco, pero en usted encuentro mucho de lo que un día busqué y quiero seguir encontrando. Usted piensa, usted es mujer y usted me atrae, me lleva desde acá a cualquier lugar que no conozco, lugares que hacen disfrutar la compañía. Usted es distinta y la diferencia me gusta. Usted. Espero descifre mis mensajes, mis aflicciones si acaso hay una. Hay una pantalla al frente mío, la misma que usted ve y no quiere pasar, eso que se irradia tal vez sea yo queriendo estar ahí, o tal vez sea sólo un alma queriendo escapar. Búsquese y si se halla perdida puedo ayudarle, me considero bueno en eso de las búsquedas compartidas, pero no planeo, mi plan es buscar, no rápido o por la derecha, sólo buscar viviendo, y usted no sabe cómo vivo, por eso le cuento que no tengo planes, mi vida tiene un rumbo, claro, pero yo no sé cuál es y cuando digo que busco estoy mintiendo lo menos que hago es eso, pero estoy encantado de encontrar, la encontré verdad. No. La estoy inventando, ahora mismo puedo ponerle cabello negro, una cara blanca, pálida y con pecas color café que hacen con esa nariz pequeña un conjunto de muñeca, y quiero ponerle un vestido blanco con flores rosas que desde lejos se vea parte de sus piernas y que baile, quiero que aparezcan sus zapatos color café, o no sé, son más claros, dibujarle una sonrisa y unos ojos saltones que me busquen, y una facción en el rostro que dice que ya sabe dónde estoy y cómo estoy. Es fácil. La vi en un jardín junto a un árbol, tarde de verano sin sol, cabello suelto y sólo miradas para comer.  
Usted está sonriendo. Sí. Pero usted está sentada y empieza la decadencia, volver a mirar atrás a ese mundo real donde todos corren, dónde nadie intenta un acercamiento, donde todos son partes sueltas, tuercas de un engranaje de un gran sistema, local o nacional. Volver, saberla cómo es, cómo no me ve, y cómo no me habla. Pero es lindo imaginarle pecas y ni qué decir del cabello negro. Ahora haré que camine hacia mí, tiene tiempo, no se resista, y no es necesario el vestido, yo aprenderé a verla cómo esté, incluso desorganizada. Quiero oír que toca a la puerta. Ese temor me gusta, están tocando. Es una sonrisa cualquiera pero es mi sonrisa. Haré que hable, reirá y definitivamente le diré cuanto siento por ella. Le mostraré mi taller de sueños, los lápices y mis manos, tal vez las tome entre las suyas o quizá tenga que hacerlo yo, pero no hay opción, se tomarán de las manos y se sentirán niños, dentro, en cada uno hay miles de por qué que acaban de contestarse, y unos corazones que tiene una razón voluntaria para latir. Puedo sumarle un beso o un abrazo, pero no sé, hasta aquí me permito soñar, hasta aquí. Ese gusto, el gusto de besar en la boca; esa sensación quiero que la describa usted.

  

Tomasso’ 0. 48horas 6 Aprile 2013 

lunes, 6 de mayo de 2013

Una ventana


¿Que hubiera podido hacer yo? La buscaba todas las veces que miraba a través del mismo cristal, y no lograba que estuviese posada en la misma ventana, eso quería y eso quiero, pero a veces pasaba una o dos horas esperando su salida, para terminar por convencerme de que ese día, justo a esas horas decidió salir, o decidió definitivamente no entrar, no acompañarme a ese lugar de pensamientos truncos, no seguir construyendo un puente sobre imaginarios caminos.

No la veía a diario, tampoco hacía parte de mis estudiantes de curso y menos una de mis colegas, solo era una vecina más, o tal vez la única; siempre mis ojos, siempre mirar en esa dirección. A veces (unas pocas) tengo el recuerdo de haberla visto mirándome, son recuerdos bonitos, sus pupilas brillaban o el invento que yo hacía de sus ojos. Y mis mañanas pasaban como todas las anteriores, secas, sin nada novedoso que contarle a mis zapatos o algo que ellos quisieran alcanzar y contarme a mí, eran días fríos, sin ella y llenos de sonrisas cuando aparecía. Parecía despertar con cosquillas pues cuando la veía, esas pocas veces sostenía en sus labios una sonrisa duradera y una mirada que si no era hacia mí era hacia algo en mi ventana, o algo aquí adentro que no logro identificar aun.
Yo me sentaba, después de verla, a dibujar esa carita tierna que miraba a través de un cristal, no pintaba un edén y luego ponía su rostro en él, no, era un poco más natural, tratando de hacer mía la imagen y por medio de eso, hacer que la mirada y los ojos y la sonrisa fueran haciendo parte de mi ventana, de mis ojos y mi cuarto entero, tratar de transportarla de tenerla junto a mí unos minutos, como ahora que la escribo y siento dibujarla al lado mío, sentada en mi cama, viendo como le hablo y la escribo, viendo mi poco talento a la hora de describirla y eso que siento que sabe más de mí que eso que una vez pensé.  Ella, muy dentro de sí, piensa en mí, en las noches o en las tardes cuando llega de clase, lo hace al abrir esa ventana, cuando permite que entre en su cuarto como tantas veces entra en el mío, sé eso por su mirada.

Hoy espero encontrarla en la ventana cuando entre en mi casa, cuando quiera empezar los planes de dormirme, hoy quiero su compañía y no quiero solo imaginarla, hoy quiero que conozca mi puerta, enseñarle a abrir el cerrojo, que conozca mis almohadas, hoy quiero que sea ella la que escriba y sea ella la que diga cómo me mira. Hoy quiero estar con ella sentirla ahí y que me mire desde mi ventana. No pretendo encerrarla en mi cuarto, pero sí que viva dentro, no quiero mostrarle mi corazón y que vea como late, no, lo que quiero es dárselo que lo sienta suyo y que sabiendo mi dependencia me permita vivir a su lado.


Tomaso’ 20 Settembre 2012

viernes, 3 de mayo de 2013

Otro día

Día mundial de la poesía; felices las letras, las pupilas, los corazones rotos, la soledad, la felicidad, el (des)amor, las huellas, los colores, la piel, la música, el grito, la vena, el tiempo, los nombres, los sueños »»

Así iniciaba otra noche oscura –eso, fuera de un hospital, donde las noches suelen no existir-, una donde los colores se entrelazaban y mecían como en hamacas colgadas al viento, donde las simpatías eran miles y todas reconocibles en rostros, en sonrisas, en las casas y las calles y sobre todo en el caminar de tantos que todas las noches lo hacían sin darse cuenta, pero esta vez lo hacían para mostrarse, para que alguien los viera con lupa o con telescopio o con algo que los hiciera grandes. Eso querían. Ser grandes, no egoístas, no, no son tan malvados, tampoco ahora, sólo querían hacerse notar, una noche, donde lo espectacular no fuese lo alto de un árbol o lo magnífico de un cuadro o de esas ventanas en lo alto, una sola vez donde lo maravilloso fuese visible, palpable y sostenible, donde la magia fuera real y comprensible, donde todos pudieran tomarse de las manos sin sentir pudor o miedo.

Yo no sé si al final pudieron lograrlo, pero sentí que era yo quien los observaba, desde un punto fijo y discreto que no diré, era alto sí, pero no más alto que ellos (eran grandes), disfruté así, una noche, graficando con palabras las maravillas de una persona y lo magnífico de otras miles.


Ver latir una lágrima y luego sonreír, atrapar los sueños en tu pecho y luego entregar un abrazo; añorar estar cerca y tener al lado los recuerdos…repetirse melancolías, recrearse otro paisaje y desear vivirlo, bagatelas con las que se conforman los humanos, regalos que se ofrecen en algunas épocas, sin siquiera un envoltorio adecuado. Todo lo que se ve de esos otros que comparten nuestras tierras, o las tierras de alguien ya que nada realmente es de nadie. Calles y más calles, locomotoras de la sinrazón que llevan al común de la gente y al resto, adónde todo pueda ser olvidado y lamentablemente aun no hay inteligencia que logre el reset de la mente humana, que logre quitarle recuerdos, eso si, he escuchado que te hacen inconsciente, pero allá en ese otro apartado de tu consciencia quedará guardada tu vida.


Recordar es un lujo que no todos usamos, un desperdicio de la memoria que cada vez –en mí-, se hace más selectiva.


El cordón de los sueños sosteniendo puentes de la memoria»»



Tomasso’ 21 Marzo-9 Dicembre 2012

jueves, 25 de abril de 2013

Tentaciones


Hay tentaciones buenas, incluso necesarias. Ayer fui tentado. Era de noche, cómo ahora, pero sin luna, sin esa luna. Llovía. Muchos han sido los días en que esa lluvia se deja ver a través de mi ventana, pero esa noche no la veía, la sentía, caía sobre el techo, podía imaginarme la gota caer y rebotar, notarle esa pequeña vida que tienen siendo gotas, queriendo salir, conocer, transformarse en aire. Yo las sentí, se lo aseguro, y parecía un susurro que entre todas dejaban sonar, me dejé guiar por ese sonido, me llevaron a un bosque, lleno de higos, de helechos altos, de sombras, con claros de sol que se metían por las hendijas, por los rincones; lleno de humedad, de saciedad, de lejanía; estuve ahí, puede notarlo. Las imágenes son un poco borrosas, aparecen a través de un espejo empañado, a través de mi memoria rebelde, a través de mis palabras sueltas. Puede fijarse en lo que quiera, usted es quien lee. Caminé en círculo, y regresé a ese punto dónde caían las gotas, dónde estaba en mi cuarto, dónde la respiración no se siente, dónde los dedos son dedos y la luna sólo un asteroide deforme, regresé. Hay tentaciones hermosas, porque no nos dejamos llevar, estoy seco, no sé qué es la lluvia, no sé qué son las gotas. Tengo una sensación, quiero sentir la lluvia estando acompañado, sentir otra piel y no la mía. Quiero reconocer ese momento en sus ojos, en su memoria recordar el frío y la humedad.
Las gotas cayeron y no mojaron. Los sueños pasaron y no volvieron. La distancia está ahí y no se va. Las palabras hablan y no se callan. El silencio no habla y espera por ser escuchado. Las miradas no ven, pero esperan encontrarse. Los lugares no se mueven pero tus pies caminan. Las soledades existen y yo escribo por dos. Tus ojos están cerrados y yo no paro de sentirte.

Sólo las noches me guardan en sus oscuros momentos, sólo las sombras, sólo las figuras me transforman, los cuadros, esas fotos que la memoria inventa y guarda en un álbum que no se empolva, pero que nadie nunca ve. Los recuerdos, las imágenes, los sonidos, repeticiones instantáneas que quedan plasmadas en ninguna parte. Lo eterno no es lo que escribo, ni lo que digo, ni lo que veo. Lo eterno es lo muerto, todo ha muerto, los sonidos, las miradas, lo visto. Lo que recuerdo son esos cuerpos fósiles queriendo resucitarlos. Mis recuerdos son momias que quiero desenvolver, son hilos de la tela de una araña.



Tomasso’ Aprile 15 2013

sábado, 13 de abril de 2013

Lo que quiero


Quiero piano, quiero nieve, quiero violín, quiero cielo, quiero altura, quiero frío, quiero parque y gente en el parque, y distancias pequeñas, quiero chocolate antidepresión y para los diabéticos, quiero un lápiz que escriba sin errores para usted señor político o para el científico que quiere curar el HIV o el cáncer, quiero lugares que yo no sé, para que otros miles tampoco sepan, quiero música y silencio, silencio siendo música, quiero historias y contarlas, contar y vivir, quiero nadar en sueños y agarrar algún pez que me lleve más allá de lo humanamente soportable, quiero más ideales, la fuerza de David, la sonrisa del 'Chavo', quiero el cariño de los niños y sus abrazos, quiero lealtad.
Quiero iniciales por todos lados, iniciales de cuentos, de paz, de libertad, de niños felices. Quiero lo mismo que todos, sensatez, prudencia, no sabiduría…


Quiero aligerar mi lengua, usar las palabras, entregarles el poder para el arte abstracto y fantástico que quiero en mí, quiero lecciones de amor para saber amar, quiero cantinas sin licor. Quiero más ideales, más sueños, más fuerza para realizar todas las buenas cosas que mi mente invente o sueñe o crea haber querido. Quiero tanto un río transparente con peces gordos y gaviotas volando cerca, quiero vida dentro de esta que parece perdida, dentro de este mundo que parece haberse roto.


Quiero líneas de oscuridad en medio de tanta luz dilatada, quiero con sombras y tintes oscuros darle forma a tantos que quieren solo luz, solo iluminar, sin saber el cómo, ni el por qué hacerlo; quiero cambiar los matices, los cliché, quiero querer bien, querer desde adentro, con el corazón y el pensamiento. Quiero más canciones de cuna, y más acompañamiento familiar, quiero familias enteras, familias con secretos, chismes y risas propias, quiero países con intenciones claras para hacerse ricos, para hacerse poderosos: respetando, creyendo, cuidando, responsabilizándose, alimentando, empleando, necesitando, premiando, sonriendo y otros tantos verbos usados desde arriba con la gente, con la plebe, con los que se creen hijos únicos del país. Quiero más latinos en Latinoamérica y gringos y extranjeros en sus tierras, quiero más agua propia y menos dependencia (en todo el sentido estricto de la palabra).

Quiero cambiar siendo el mismo, por ejemplo ser más alto y bajar la luna por las noches, o ser más chico y pasar a través del canal de la mancha o del Suez sin ser visto, estar al otro lado del charco. Quiero tener más livianos mis zapatos y volar, yo no sé dónde viven las cigüeñas, ni las miles de mariposas que pululan por los parques. Ser negro para los negros y blanco para los blancos, un indio para los indios, hermano. Tener la confianza puesta en los animales, en las plantas, en la tierra.

Quiero seguir estando vivo, pero no cómo usted cree, sino cómo yo quiero.



Tomasso’ Settembre 09 2012

sábado, 6 de abril de 2013

Usted


Hoy le escribo a usted, pero no se asuste. Primero no debería hacerlo porque no le escribo a usted propiamente, sino a lo que me dice, a las sonrisas que se dibuja al hablarme y a todos esos gestos que le salen ahora; porque si a usted le escribiera tendría que decir que es hermosa, describir lo lindo de sus ojos, sus contornos, los miles de ángulos que se le forman y el cómo me pierdo descifrándolos uno a uno, o hablaría de gigantes al pensar en sus pupilas, no, no hablo de usted, sino; dijera que su cabello es electrizante, que me conmueve su movimiento, la forma como delinea sus pasos y esa manera mágica de alzar los hombros al bailar, diría que es magnífico cruzarse con sus manos en un juego complicado que nadie sabe ganar. No, hablo de lo otro, de eso que no logro ver pero siento, y se siente en el aire y en estas letras, en esas risas y las miradas. Intento confesarle algo que no sé qué es y espero que descifre. Usted está ahí, tan quieta, tan sorda, y así sé que me escucha, que está traspasando el papel y haciéndose una más en mi cuarto, la veo, ¿acaso no es usted la que me mira?

Me quito el sombrero (que no uso) ante aquellos que han logrado cortejarle y han logrado su cometido, usted no es fácil y ay si lo fuera, usted goza con la insensatez del hombre y con las bagatelas que le regalan. Usted es dichosa con sus vestidos y sus formas, con sus brazos desnudos bajo el sol.

No fue vano haberla conocido y dejo para usted las razones para no seguirlo haciendo. Regálese una conversación conmigo, disfrute de este pasaje que tiene ahora, no perderá nada si le ayudo a pasear, si le muestro esas casas que usted no conoce, o esos caminos que no han pisado sus zapatos; pero no sea una vasija vacía llena de aire, no me regale la posibilidad de mirarla, míreme.

Ahora, recuerde que la vida no se vive con detalles, ésta está llena de sensaciones y de novedades pero no son todas para usted y en la mayoría de los casos habrá de tomar una decisión donde algo cómo siempre estará en juego. Juegue. Gana siempre. Hay juegos que se piensan, aprenda de esos. Ría, disfrute, apueste, corra, salte, anímese a perder –es un juego y nunca se pierde. Sé jugar rayuela y al final siempre me quedo en la última casilla, entonces descubro que no sé jugar y vuelvo a empezar. Aprenda bien, libérese de usted, note que se tiene abrazada y necesita brazos libres para caminar, para jugar. Juegue y enséñeme a perder.



Tomasso’ 18 Marzo 2013

sábado, 30 de marzo de 2013

Sueño roto


Estúpidos sueños del hombre que está despierto, marejadas de polvo que solo nublan sus ojos, un gato toloso que está ciego y sueña estarse viendo.

Una mariposa dorada ha perdido su vuelo, le han roto una de sus alas, planea, intenta continuar el ritmo, la altura, pero el ala buena se debilita, aumenta la rapidez del aleteo, se agotan sus reservas energéticas, intenta caer despacio, sentir dolor, poco dolor, sentir poco, pero; siente el golpe de las piedras, parece como si la hubiesen lanzado y también recibido con un muro, intenta desprenderse de todo, resistir, sostenerse con sus pies, pero no puede, recuerda su ala rota y busca alguna sustancia líquida que puede solidificarse, busca y encuentra al fin un poco de miel, intenta atar fibrillas, pequeñas tiras que el viento hace estremecer, lamenta una vez más estar pariendo, o a punto de parir, y brotan de ella miles de huevecillos, otras miles de mariposas que un día tendrán sus alas rotas, después de volar, después de saborear el aire, cuando hayan amado las alturas. Y así será, un día su vida se repetirá, sus miedos, sus intentos por sobrevivir, por volar, por sobreponerse; ella no morirá, estará viva a través de esa otra generación de mariposas.

Vuelve a sentirse viva ahora hay otros que la necesitan y esos otros no han nacido completamente, ha decidido vivir un tiempo de más, así que con una ala rota, empieza a caminar en busca de alimento y de los elementos necesarios para hacerse cargo del futuro, para seguir idealizando y mintiéndose. Ser mariposa jamás fue fácil y ella lo sabe, y no lo ocultará más, hoy ellos descubrirán su papel en el mundo, en ese mundo que les ha tocado, en donde vivirán, en donde harán parte de un punto negro visto desde más arriba, desde donde nunca podrán volar.


Tomasso’ 19 Ottobre 2012

viernes, 22 de marzo de 2013

Un recuerdo


Sonreías, veía tus dientes blancos y seguía hablando, hacer perdurar ese momento, misión del día. Un abrazo, una distancia, una sonrisa dibujada en mis ojos. Un lápiz dibujando la habitación, las sillas, el café y las miradas. Una hoja siendo lamparilla azul. Un tiempo que no existió y un espacio que se pintó en sonidos.
Recuerdos. A donde van. Los invento. Los recreo. Los aíslo. Los ignoro. Les hago señas para que vuelvan a mi memoria. Reaparecen danzantes, nuevos colores los dibujan y alargan sus pequeños flagelos que se mueven entre mis pensamientos y refluyen una que otra vez entre mis miradas, entre mis reflejos; destellos de nostalgia futura.

Después fue en una cafetería, te veías así tan bien como sabes.  Los reflejos en tus ojos mostraban un poco de impaciencia, luego aparecí yo y fui llenando ese espacio en tus pupilas, quizá solo fue otro error de percepción, uno causado por el ángulo de mi mirada. Ese día, esa noche manipulabas tus palabras de una forma tal que. Yo pude no hablarte, pude mirarte nada más, pero contigo deben existir las palabras, las justificaciones, no sabes hablar con los ojos o las sonrisas, o mejor, si lo haces, pero temes las conversaciones largas.
No olvidaré los detalles, tampoco mis palabras, eras mi tipo de mujer ideal, controlabas mis ideales, mis funciones autonómicas, mis reflejos, mis sacudidas corporales y sabías cómo hacer cambiar un ambiente descolorido por uno lleno de matices grises. Tienes la capacidad de hacerme bien. Contigo yo sonreía.



Tomasso’ 5 Marzo 2013

sábado, 16 de marzo de 2013

Otro día común


Digamos que va por un túnel, uno cualquiera, el de la 26 o el de la 52, para mí los de mayor referencia, de pronto se encuentra un perro, de esos negros, tamaño mediano, ojos brillantes en ese lugar que aunque en ese momento no lo note, está siendo más oscuro que en sus extremos; y usted siente miedo, no esa cosa que imagina cuando ve una película, o cuando le cuentan una historia o chisme de miedo, no, miedo real, el que siente cuando todas las opciones llevan al mismo acto que intenta evitar, o cuando no encuentra opciones para lograr ese cometido, pasan unos segundos y alcanza a imaginarse todo, desde esa primera imagen, donde alza el pie derecho y logra avanzar, luego levanta el izquierdo y avanza aun más, realiza el mismo movimiento a mayor frecuencia y después siente que todo pasa en cámara lenta, que el perro lo mira y la distancia se acorta, que se hace más grande, que muestra sus dientes. También imagina como camina, ve el animal y sigue caminando, ahí termina la historia.

Un día como cualquiera almuerza a las 12:40 pm porque su tía se demoró, a la 1:00 pm porque apenas alcanza a leer el tema para el parcial de anatomía, tema del cual nunca supo nada, pero por lo cual, acaba de señalar la palabra nunca y la tacha en el diccionario Salvat; toma sus bolígrafos, su cuaderno, su discreto morral que podría albergar 20 kg con holgura y se dirige hacia la universidad, pudo descansar, dormitar sus pensamientos, recrear otro sentido en las imágenes que pasan al vaivén de la velocidad del autobús, pero, se reclina en una de sus manos discretamente levantadas y lo único que alcanza a imaginar es el perro haciéndole el examen, allí ladrando palabras y usted apenas lo entiende, apenas sabe que hará un examen, que le costará unas décimas el no estudio de la noche anterior, que le revalidará sus ideas acerca de la intemporalidad de la vida, y del tiempo que se pierde en los sueños.
Inicia el descenso, el despertar afuera en las calles de una ciudad informe que poco a poco estuvo tragándose sus deseos o su pericia, o las dos cosas y se arriesga a bajar a revivir en el mundo, su mundo, a reeditar sus ideas y a revalidar lo que hizo el día anterior, y el anterior a ese y los otros días atrás.
Elimina la sensación de estar soñando, intenta disipar esa realidad y empieza por descubrir que es de día, que es una mañana soleada y que la edificación de su centro educativo es antigua y le brinda sabiduría hasta en el reflejo de sus ventanales, así usted decide que reinventará su pasado, como antes, pero esta vez, desde el futuro que ha soñado ayudándose del presente que tiene ahora en sus manos.

Inicia su vida.


Tomasso’ 18 Ottobre 2012

domingo, 3 de marzo de 2013

Adiós


Han pasado meses desde la última vez; esa dónde yo estaba tan casual y tu ahí sin saber bien como. Disipamos el viento, ese frío tan frecuente en medio del parque y esas personas que no conocía pero miraban como si ellos a nosotros, mirábamos hacia los lados una vez por cada cinco o seis que mirábamos cada uno a los ojos del otro y estabas ahí, no voy a mentir diciendo que todo estaba planeado, que era nada más que lo esperado, no, hasta ese momento lo que había planeado se había salido de rumbo, solo quería verte y ni para eso había creado un método, mi instinto me invita a dejarme llevar por las emociones, después transmitírselas al cerebro y juntos - no sé qué con qué-, reiniciar la búsqueda y reinventar el camino ya con una percepción diferente, porque las percepciones cambian, y que bueno que es así, no imagino el tener la misma percepción de ese momento, ahora, mientras pienso en lo que pasó y no pasó, en las miradas y los fantasmas que te tomaban del pelo para hacer relucir, un poco más esa sonrisa un poco más esos ojos. Recuerdo el abrazo, fui tan cursi, pedir ese permiso para abrazarte y luego después de la sonrisa y el contorneo de tu cuerpo rodearlo con mis brazos y notar que allí en esa vastedad se encontraba un mundo que no conocía y disfrutaba, un espacio habitado por duendes, por luces tenues que arrullaban que se llevaban los minutos y la fatiga, la oscuridad, las casas. Sentirte ahí tan sola, tan solo para mí. Una noche como ninguna, un beso de despedida, una humedad que llevaba eso, el silencio de la nostalgia futura, un adiós largo, un adiós que aún guarda la esperanza de volverse a escuchar salir de tus labios. No quería que acabara lo confieso, pero como parar el tiempo con esos años o como arruinarle los planes a tus padres, imposible. Otro sol esperaría por nosotros tu allá y yo aquí, yo tan tuyo y tú también.


Luna. Sol, árboles, canciones, risas.



Tomasso’ 3 Marzo 2013

sábado, 16 de febrero de 2013

Visible-invisible


Miro las cuatro esquinas de mi cuarto y hago un gran esfuerzo por llenarlos, por hacer un gran espacio y meter toda esta basura de cosas que pienso, irme, quedarme, seguirme quedando, seguir caminando, seguir escribiendo, pamplinas. Esta realidad es tan real y no me gusta, vivo mejor con mi imaginación y allí no estás y acá sí. Te imagino. Te siento. No puedo tocarte. No siento tus olor. No puedo besarte. En resumen no puedo usar los sentidos de la realidad contigo. Los otros me ayudan a imaginar; así, hace un momento estaba solo y las paredes se me hacían grandes barreras, muros gigantes que se levantaban ante mis ojos y ahora desaparecen porque he vuelto a pensar en tu sonrisa, en tus lindos ojos, que a fuerza de ser lindos también confunden, a veces se dejan ver verdes sin serlo, y refulgen desde su interior una dulzura hasta ahora insuperable, una franqueza que hace añicos las mentiras y azuza grandes verdades. Puedo verte sonriendo –siempre te recuerdo así-, y sabiendo yo como lo disfrutas hago piruetas mentales buscando y arguyendo mis mejores chistes y lo logro…, ya conozco algo más que la cara vestibular de tus dientes.


Ahora te sacaré de estas paredes y te llevaré a un lugar más tranquilo, sé que te gustan los buenos paisajes, así que te llevo a uno mío, lo inventé yo. Es una nube, pero no una cualquiera con formas extrañas y agujeros para dejar pasar las goteras, no, esta es algo especial, su forma es la de una gran esfera o algo parecido ya que no es exactamente redonda, tú no te caes, pues rueda, tú no te mojas pues arriba no hay más nubes y el cielo está allí seco para ti, azul para los dos; y puedes mirar siempre a donde quieras y tener para ti los mejores climas, y claro, puedes bajar, no está mal recordar cómo se camina y realizar una que otra maniobra con tus pies.

Estando acá arriba siento cómo vuelves a mí, como me tomas las manos y luego duermes, yo sobre tus piernas, tú sobre mi espalda. Después despertaré, hoy no quiero. Hoy quiero eternizar el momento, hacerlo uno hasta que sea real esto que imagino, hasta que de repente sienta tus manos, y sea esa temperatura la que hable entre las mías.
  

Tomasso’ 31 Dicembre 2012