domingo, 26 de mayo de 2013

Hay que ser realmente idiota para.. (Fragmento)

Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he amado y gozado esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros idiotas que han estado pescando o bailando mal, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tantos los idiotas que esa noche se han dado cita en esa sala para bailar y pescar y aplaudir. Lo peor es que a los dos días abro el diario y leo la crítica del espectáculo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi mujer o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pato que nadaba en uno de los lagos del Bois de Boulogne, y era de una hermosura tan maravillosa que no pude menos que ponerme en cuclillas junto al lago y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su hermosura, la alegría petulante de sus ojos, esa doble línea delicada que corta su pecho en el agua del lago y que se va abriendo hasta perderse en la distancia. Mi entusiasmo no nace solamente del pato, es algo que el pato cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de jamón, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den King Lear? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del Bois de Boulogne para ver mejor el pato, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como canta Fischer Dieskau. Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita amarilla, ahora me gusta “L’année dernière à Marienbad”, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la Gare de Lyon, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez  que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro pato u otro cartel, y así siempre.

Julio Cortázar

viernes, 17 de mayo de 2013

Paréntesis


(Dentro de un gran paréntesis) Usted me vio, ahí estaba, y no me vaya a decir que con esos grandes ojos no ve, no soy tonto, aunque tenga ojos pequeños. Así se va la vida, dentro de varios paréntesis que usted va abriendo y a veces ni sabe cuándo cerró, pero se cerraron. Renueve esa cara triste, la tiene deforme y ni siquiera triste se ve y no me diga que no se da cuenta, piense cuanta gente le sonríe y búsquele causa a esa ausencia de gestos en usted. No moleste mis sentidos y agítese ese cabello, haga que la vea porque no la veo, sólo están ahí ciertos detalles sucios y nubados de alguien que no es usted, pero ahora la definen. No se niegue la posibilidad de ser alguien, de sentir que vive.

Usted no lo sabe pero ya la vi sonreír y que bien se le ven esos dientes blancos, claro usted no viste como la vi, tampoco es tan desorganizada y mucho menos tan impuntual, porque ha dejado de venir a mis recuerdos, ya no le veo antes de dormir.

Usted no tiene razones para hablarme, buscarme o algo parecido y yo tampoco, pero en usted encuentro mucho de lo que un día busqué y quiero seguir encontrando. Usted piensa, usted es mujer y usted me atrae, me lleva desde acá a cualquier lugar que no conozco, lugares que hacen disfrutar la compañía. Usted es distinta y la diferencia me gusta. Usted. Espero descifre mis mensajes, mis aflicciones si acaso hay una. Hay una pantalla al frente mío, la misma que usted ve y no quiere pasar, eso que se irradia tal vez sea yo queriendo estar ahí, o tal vez sea sólo un alma queriendo escapar. Búsquese y si se halla perdida puedo ayudarle, me considero bueno en eso de las búsquedas compartidas, pero no planeo, mi plan es buscar, no rápido o por la derecha, sólo buscar viviendo, y usted no sabe cómo vivo, por eso le cuento que no tengo planes, mi vida tiene un rumbo, claro, pero yo no sé cuál es y cuando digo que busco estoy mintiendo lo menos que hago es eso, pero estoy encantado de encontrar, la encontré verdad. No. La estoy inventando, ahora mismo puedo ponerle cabello negro, una cara blanca, pálida y con pecas color café que hacen con esa nariz pequeña un conjunto de muñeca, y quiero ponerle un vestido blanco con flores rosas que desde lejos se vea parte de sus piernas y que baile, quiero que aparezcan sus zapatos color café, o no sé, son más claros, dibujarle una sonrisa y unos ojos saltones que me busquen, y una facción en el rostro que dice que ya sabe dónde estoy y cómo estoy. Es fácil. La vi en un jardín junto a un árbol, tarde de verano sin sol, cabello suelto y sólo miradas para comer.  
Usted está sonriendo. Sí. Pero usted está sentada y empieza la decadencia, volver a mirar atrás a ese mundo real donde todos corren, dónde nadie intenta un acercamiento, donde todos son partes sueltas, tuercas de un engranaje de un gran sistema, local o nacional. Volver, saberla cómo es, cómo no me ve, y cómo no me habla. Pero es lindo imaginarle pecas y ni qué decir del cabello negro. Ahora haré que camine hacia mí, tiene tiempo, no se resista, y no es necesario el vestido, yo aprenderé a verla cómo esté, incluso desorganizada. Quiero oír que toca a la puerta. Ese temor me gusta, están tocando. Es una sonrisa cualquiera pero es mi sonrisa. Haré que hable, reirá y definitivamente le diré cuanto siento por ella. Le mostraré mi taller de sueños, los lápices y mis manos, tal vez las tome entre las suyas o quizá tenga que hacerlo yo, pero no hay opción, se tomarán de las manos y se sentirán niños, dentro, en cada uno hay miles de por qué que acaban de contestarse, y unos corazones que tiene una razón voluntaria para latir. Puedo sumarle un beso o un abrazo, pero no sé, hasta aquí me permito soñar, hasta aquí. Ese gusto, el gusto de besar en la boca; esa sensación quiero que la describa usted.

  

Tomasso’ 0. 48horas 6 Aprile 2013 

lunes, 6 de mayo de 2013

Una ventana


¿Que hubiera podido hacer yo? La buscaba todas las veces que miraba a través del mismo cristal, y no lograba que estuviese posada en la misma ventana, eso quería y eso quiero, pero a veces pasaba una o dos horas esperando su salida, para terminar por convencerme de que ese día, justo a esas horas decidió salir, o decidió definitivamente no entrar, no acompañarme a ese lugar de pensamientos truncos, no seguir construyendo un puente sobre imaginarios caminos.

No la veía a diario, tampoco hacía parte de mis estudiantes de curso y menos una de mis colegas, solo era una vecina más, o tal vez la única; siempre mis ojos, siempre mirar en esa dirección. A veces (unas pocas) tengo el recuerdo de haberla visto mirándome, son recuerdos bonitos, sus pupilas brillaban o el invento que yo hacía de sus ojos. Y mis mañanas pasaban como todas las anteriores, secas, sin nada novedoso que contarle a mis zapatos o algo que ellos quisieran alcanzar y contarme a mí, eran días fríos, sin ella y llenos de sonrisas cuando aparecía. Parecía despertar con cosquillas pues cuando la veía, esas pocas veces sostenía en sus labios una sonrisa duradera y una mirada que si no era hacia mí era hacia algo en mi ventana, o algo aquí adentro que no logro identificar aun.
Yo me sentaba, después de verla, a dibujar esa carita tierna que miraba a través de un cristal, no pintaba un edén y luego ponía su rostro en él, no, era un poco más natural, tratando de hacer mía la imagen y por medio de eso, hacer que la mirada y los ojos y la sonrisa fueran haciendo parte de mi ventana, de mis ojos y mi cuarto entero, tratar de transportarla de tenerla junto a mí unos minutos, como ahora que la escribo y siento dibujarla al lado mío, sentada en mi cama, viendo como le hablo y la escribo, viendo mi poco talento a la hora de describirla y eso que siento que sabe más de mí que eso que una vez pensé.  Ella, muy dentro de sí, piensa en mí, en las noches o en las tardes cuando llega de clase, lo hace al abrir esa ventana, cuando permite que entre en su cuarto como tantas veces entra en el mío, sé eso por su mirada.

Hoy espero encontrarla en la ventana cuando entre en mi casa, cuando quiera empezar los planes de dormirme, hoy quiero su compañía y no quiero solo imaginarla, hoy quiero que conozca mi puerta, enseñarle a abrir el cerrojo, que conozca mis almohadas, hoy quiero que sea ella la que escriba y sea ella la que diga cómo me mira. Hoy quiero estar con ella sentirla ahí y que me mire desde mi ventana. No pretendo encerrarla en mi cuarto, pero sí que viva dentro, no quiero mostrarle mi corazón y que vea como late, no, lo que quiero es dárselo que lo sienta suyo y que sabiendo mi dependencia me permita vivir a su lado.


Tomaso’ 20 Settembre 2012

viernes, 3 de mayo de 2013

Otro día

Día mundial de la poesía; felices las letras, las pupilas, los corazones rotos, la soledad, la felicidad, el (des)amor, las huellas, los colores, la piel, la música, el grito, la vena, el tiempo, los nombres, los sueños »»

Así iniciaba otra noche oscura –eso, fuera de un hospital, donde las noches suelen no existir-, una donde los colores se entrelazaban y mecían como en hamacas colgadas al viento, donde las simpatías eran miles y todas reconocibles en rostros, en sonrisas, en las casas y las calles y sobre todo en el caminar de tantos que todas las noches lo hacían sin darse cuenta, pero esta vez lo hacían para mostrarse, para que alguien los viera con lupa o con telescopio o con algo que los hiciera grandes. Eso querían. Ser grandes, no egoístas, no, no son tan malvados, tampoco ahora, sólo querían hacerse notar, una noche, donde lo espectacular no fuese lo alto de un árbol o lo magnífico de un cuadro o de esas ventanas en lo alto, una sola vez donde lo maravilloso fuese visible, palpable y sostenible, donde la magia fuera real y comprensible, donde todos pudieran tomarse de las manos sin sentir pudor o miedo.

Yo no sé si al final pudieron lograrlo, pero sentí que era yo quien los observaba, desde un punto fijo y discreto que no diré, era alto sí, pero no más alto que ellos (eran grandes), disfruté así, una noche, graficando con palabras las maravillas de una persona y lo magnífico de otras miles.


Ver latir una lágrima y luego sonreír, atrapar los sueños en tu pecho y luego entregar un abrazo; añorar estar cerca y tener al lado los recuerdos…repetirse melancolías, recrearse otro paisaje y desear vivirlo, bagatelas con las que se conforman los humanos, regalos que se ofrecen en algunas épocas, sin siquiera un envoltorio adecuado. Todo lo que se ve de esos otros que comparten nuestras tierras, o las tierras de alguien ya que nada realmente es de nadie. Calles y más calles, locomotoras de la sinrazón que llevan al común de la gente y al resto, adónde todo pueda ser olvidado y lamentablemente aun no hay inteligencia que logre el reset de la mente humana, que logre quitarle recuerdos, eso si, he escuchado que te hacen inconsciente, pero allá en ese otro apartado de tu consciencia quedará guardada tu vida.


Recordar es un lujo que no todos usamos, un desperdicio de la memoria que cada vez –en mí-, se hace más selectiva.


El cordón de los sueños sosteniendo puentes de la memoria»»



Tomasso’ 21 Marzo-9 Dicembre 2012