jueves, 20 de octubre de 2011

Me gustan tus ojos, cuando me miran

Me gustan tus ojos cuando me miran. Esa transparencia y ese brillo especial que toman cuando su centro soy yo. Me gusta mirarte cuando estropeas mi figura observándola en el espejo, me gusta mirar tus pecas, tus lunares, tus cabellos, me gusta acariciar tu espalda. Me gustas, y aunque aun no sepa si de los pies a la cabeza, sé que así será. Me gusta cuando callas pero no siempre, solo esos momentos donde el lenguaje se hace expresar de otra manera. Me gusta cuando sonríes, pareces felíz, parece que la vida coincidió e hizo felíz a dos personas en el mismo momento. Me gusta cuando tus manos se posan en mi rostro y parecen haber encontrado algo que les gusta, me gusta tu espalda cuando se junta con las puntas de mis dedos, cuando su tensión se pierde y se retuerce por segundos. Me gustas. Me gusta tomarte de la mano y deambular como locos por la calle, bajo la lluvia, sobre suelo mojado, en medio de los carros, en medio de la gente, me gusta entorpecerme cuando te miro, elevar mi mirada y ayudar a que mis pensamientos vuelen otro poco. Me gusta esa que eres cuando estás conmigo, cuando sabes que estoy ahí.
Me gusta cuando callas, solo cuando sé que yo estoy hablando o cuando no es necesaria la comunicación con palabras. Me gusta hacerte sonreír con chistes malos o con alguna que otra cara de payaso. Me gusta pasar estas noches contigo, y estos días en que después de no verte lo único que me hace felíz, lo único que me sostiene despierto es saber que vuelvo a verte. Me gusta el olor de tu cuerpo en las mañanas, cuando despiertas abrazada a mi o cuando sé como suspiraste en medio de la noche. Me gusta decirle adiós a tus dolores, y darle la bienvenida a otro día felíz. Me gusta desayunar mirándote a la cara, saborear tus besos mezclados de la palidez nocturna. Me gusta ser ese que ves, cuando estoy contigo. Me gusta palidecer cuando no estás sonriente o caminar suave para no despertarte. Me gusta alimentarme de tus sueños y elaborar los míos cada mañana, mientras pido un día igual, mientras suplico un poco de eternidad momentánea.
Ahora me gustan las cosas obvias y las conozco. Me gusta por ejemplo comer o encogerme de hombros cuando no sé algo. Ahora me gusta abandonarme sobre ‘uno letto’ durante miles de segundos, mientras pasa el tiempo, mientras se disuelve el espacio al cerrar los ojos. Ahora me gusta expresarme, ahora me gusta no estar solo. Ahora me gusta saber que alguien espera que esté bien, que descanse o que sonría antes de dormir, ahora sé que la vida no es solamente suplir necesidades básicas, ahora sé que también eres una parte de mi vida y que justo ahora, sin ti, no sería vida. Me gusta decirte que me gustas, que te quiero. Me gusta decirle que en sus manos están mi sobriedad, mi realidad, mis futuros pasos, mis sonrisas. Me gustan las notas sinfónicas de sus palabras y el calor de sus abrazos. Me gusta cuando saber que sabe lo que pienso, que aun respira si le robo el aire, que aun sus ojos me prometen un futuro. Me gusta hacerle saber que tiene la llave de mi corazón, y enseñarle como abrir la puerta.

Tomasso’ 15 Ottobre 2011

domingo, 16 de octubre de 2011

No sabes...

No sabes cómo ganarte un corazón pero sabes cómo hacerlo tuyo, no sabes cómo arrebatar lágrimas pero sabes muy bien como regalar sonrisas y multiplicarlas en otro, no sabes cómo reclamar abrazos o como confiarte una buena respuesta pero sabes adormecer las penas y como decir palabras precisas. No sabes cómo crear las cosas que más me gustan, pero haces siempre lo que más disfruto.  No sabes escribir, pero tus ojos declaman las mejores poesías y tus manos saben bailar las mejores canciones. No sabes arrepentirte bien, pero sabes no volver a hacerlo. Tal vez ahora estés deseando no haberme conocido, no en este tiempo, no en estos días; sino antes. No sabes pelear, pero sabes cómo hacer para que yo precise lo que no te gusta. No sabes cómo abandonar un plan, una secuencia, pero sabes cómo cambiar los destinos, los finales, si es que acaso no los haces transparentes, invisibles. No sabes adivinar mis pensamientos pero sabes con seguridad lo que siento por ti. Sabes despertar una fiesta acabada, sabes despilfarrar el amor, sabes arrebatarme mil y una de las palabras extrañas que siempre tengo para decirte. Sabes arriesgarte auncuando dices que temes perder. Porque las estrellas para ti son más que muchas luces juntas y la distancia sólo un borrón en el espejo, una razón más para pensar, otra sinfonía más para bailarle al corazón.
Has escrito dentro de las fantasías equilibrando así todo lo ‘real’ de fuera con eso maravilloso sin vivir que hay dentro. Has edificado un edificio y quieres que esté ahí dentro contigo, pero; sólo hasta ahora caben tus sentimientos y un poco de los míos, habrá que seguir construyendo, habrá que trabajar más, agrandar las ventanas y hacerle más puertas, habrá que pintar otro poquito y hacer las cortinas más largas. Será grande, porque si ahora siento lo medianamente esperado, sé que después no será así y tendrás que llevarme en brazos o tendré que arrastrar eso que siento. Las fantasías son muchas, las realidades no tanto, he empezado a tropezar mientras camino sin ti y ahora mismo empiezo a estremecerme cada vez que te menciono.
Sabrás transformar mis días tristes por alguno de aquellos que compiten por ser el mejor de los que he vivido. Sabrás entristecerme cuando te haya pasado algo, cuando estés enferma o melancólica. Tú no sabes mentir, pero sabes callar lo que sientes, no sabes cómo hacer que se me dilaten mis pupilas pero sabes tan bien como agudizar todos mis sentidos. No sabes enamorar, pero haces que te quiera. No sabes lo que me pasa, pero sabes hacer que se me pase; tú no sabes hacerme callar, pero sabes cuándo darme un beso. No sabes dar una caricia sino muchas, sabes cómo adornar la simpatía, acomodar las tristezas para que no pesen y alivianar el dolor; sabes sujetar la certidumbre. No andabas por ahí sin saber que hacer porque aunque no sepas hacia donde caminar, sabes bien lo que debes hacer. No me abandonaste, solo sabes que ahora el puente resiste de a uno. No te fuiste deprisa para llegar primero, solo me estás quitando las piedritas que hay en el camino. 

No sabes que te quiero, pero…, te quiero.

Tomasso’ 14 Ottobre 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

...'

Tuvo ganas de llorar mientras abandonaba sus manos en el piano, pero fueron más fuertes las notas, el frío que entraba por algunas hendijas dejadas a conveniencia para obtener mejores sonidos, para no acalorarse demasiado cuando se hiciese tarde. La noche que se colaba entre el sonido y el ronroneo de ese movimiento poco brusco al tocar las teclas, al introducir la música del cerebro de cada uno de sus dedos a esa caja hecha de caoba, color marfil; o al revés dejando que por medio suyo entraran esas melodías a su cerebro. En esas cosas del sentir uno se equivoca, se podría decir que se siente la mesa rígida, el lápiz de madera meciéndose al vaivén de las letras que quieres dejar ahí, visibles y transparentes al tiempo; se puede decir así que la soledad no se siente, apenas y se le escucha en esas pocas palabras que el aburrido silencio deja traslucir una que otra noche, una que otra mañana cuando se despierta con las manos apagadas, frías y sin nada para remediarlo. Ahí, ellas con su frío, y lo demás esperándote o esperando que pases para empezar, para dejar de ser otra vez, eso que tú crees que eres.
Las libélulas que se posan solas en los atardeceres, lo hacen en aguas estancadas, en charcas olvidadas, pero lo hacen para dejar sus huevillos, su descendencia; esos, que volverán a despojarla de esa soledad a la que poco ha estado acostumbrada. En las tardes los niños corren tras ellas, las quieren pues son algo fantástico; los que dicen ser grandes las odian, las evaden, las buscan para quitarles la vida.
En esas cuestiones emplea los minutos necesarios para su descanso, ese momento antes de su retorno a la música, a sus pensamientos ahondados en filosofía. Acaso no es de grandes sabios preguntarse todo eso, de donde se vino, cuál es el fin de sus días, de su vida, de lo que dicen y transmiten esas notas. Tal vez, sea él, uno de esos locos pensadores, de esos genios que no valoran el mundo  externo, pero saben identificarlo, saben hablar de él, de sus fines. Ahora, tomará el teléfono y llamará a la casa de Alejandra, chica de ojos grises, que de perfil parece arrepentida de estar mirando, de estar despierta; con cabellos largos…, hasta la mitad de la espalda, con su rostro opaco, pero con una transparencia única. Contesta la mucama y después de explicar el motivo de su llamada (inventado en ese momento, ni sabía porque lo hacía), al haber esperado cinco minutos largos tras el auricular, Alejandra contesta con un ¡hola! descortés y frío, como era de esperarse en días como éste en el que no ha pasado nada trágico, en los que aun se sigue en guerra, en donde salir hacia la calle 23 o a la carrera 14 da igual, también ahí habrá un disparo. Es tiempo de dictadura!. Allá estará ella, siempre tan falta de cortesía, tan falta de pena por mí que solo le muestro mi interés hacia sus miradas y hacia sus sonrisas. Quédate ahí, tal vez tu lugar  nunca será mi lugar.

Tomasso’ 26 di Agosto 2011

domingo, 9 de octubre de 2011

Erase una vez un chico afortunado

Erase una vez un chico afortunado, pues había encontrado en una sola persona todo lo que había buscado. Encontró ese sosiego necesario para reiniciar cada día, encontró una segunda mano que lo recibiese al final de sus escaladas, en la cima de sus metas, encontró ese aire que a veces le faltaba al hallarse tan alto y disfrutó a su lado, tantas de las fantasías que jamás había inventado.
No dudó en añorar pasar todos sus días con ella, con dedicarle todos sus triunfos y que le ayudase a abandonar todas sus penas, todas sus flaquezas, que le reviviera todos los días ese frío corazón con el que dormía, que le entregase ese otro poco de temperatura necesaria para su pasiva subsistencia. Resistió sismos, cruzó montañas siempre, para estar a su lado, para darle su amor, su compañía, su ternura; disfrutaban como lo hacen dos jóvenes en plena adolescencia, con un miedo sospechado pero rebasado por un amor suscitado por sus besos, por su aliento, por esas sonrisas continuas, por tanto amor que sabían darse. Disfrutaban. Eso digo yo que los veo desde un futuro muy largo, diez años después, habituado a hablar de ellos y de lo que hacían o lo que no hacían, por qué no podrá creer querido lector que le hablo como si yo hubiera vivido esas ávidas fantasías, no, yo solo fui un espectador más de esa linda historia, que claro como dice mi madre, también tuvo su acucioso final, aunque tardó mucho en darse por hecho, o por enterado, ese chico duró largas semanas reprochándose que hacía mal, que le faltó para hacerse felíz, para introducir en esa caja de alegrías en la que fue convirtiéndose ella.

Les pregunto sobre qué cosas pueden justificar la ruptura de una relación, si es que a eso que vivían se le puede llamar así, que se sabía tan armoniosa, tan fuerte. Tal vez no previeron nada de lo que sucedió después como suele sucederle a todo ingenuo que no vé más allá de la aureola de su cabeza. Tanto, como para sus posibles locuras realizadas fuera de la relación, como para las múltiples sutilidades que ella puede estar realizando sin intención de enfadarlo; claro, sépase que sus sentimientos hacia él, eran sinceros, duraderos, únicos y que él sabía de su seguridad, de sus faltas y tardanzas; y por eso empezó a sospechar, pensaba que ella lo olvidaba de manera progresiva y que no se lo hacía saber. Empezaba a pensar que ya no era él a quien amaba, si es que ahora amaba a alguien, al menos sabía que esos besos, esos abrazos, esas miradas ya no tenían tanto amor. Sabía, porque en el principio era cariñosa, no faltaba a sus citas y se preocupaba por todo lo que le estuviese sucediendo.

Descubrió ella que ya no lo quería igual, que le estaba engañando con cada palabra que le decía, con cada beso y decidió encausar sus fuerzas al rompimiento, al final de sus sueños, de sus ideales.
Ya sé que no es fácil devolverse al principio y empezar, éste chico aprendió lo que debía aprender y después de tanto darle vueltas en su cabeza, decidió alejarse, hacer caso omiso, seguir sonriendo, seguir aplaudiendo por fantasías así, por los fantásticos sueños del ser humano. Ahora sonríe más, disfruta más. Espera que su corazón quiera más, otra vez, aun lo siente vacío y quiere llenarlo.

Puso todo su entusiasmo en conocerla y aprovechó cuando pasó por su casa, tiró dos piedritas a su ventana y así, con su corazón agitado y sus miedos agrandados, los aplacó al verla, al abrazarla sin hablarle, usando ese lenguaje del que se valen los mamíferos no hablantes…Pasó a ser un chico afortunado pues había encontrado en una sola persona todo lo que había buscado.

Tomasso’ 15 Settembre 2011

jueves, 6 de octubre de 2011

...es mejor detenerse

Porque a veces es mejor detenerse, parar un segundo o dos, esas veces que te sabes capaz de definir el tiempo. Es importante aprender a respirar, saber tomarse el tiempo necesario para decir o hacer algo, porque no sabes cuándo serán necesarias tus palabras, pero si sabes cuándo son excesivas. Porque a veces mi celular es una hoja y mis tonos son los recuerdos haciendo fila uno tras otro, porque a veces siento que las llamadas son otras, que esas punzadas-corazonadas o pensamientos casi ilógicos que se agarran a un sentimiento y refluyen, no son más que el recuerdo de algo importante que tu convertiste en nimiedad. Porque la tristeza los invade, les dice que hacer y a dónde dirigirse, porque la incompetencia es mía no del que me enseñó, porque el sol no sale para que yo lo mire, sino para hacerme caminar, porque la luz de la luna está ahí para decirme que aun en las noches y que en la oscuridad también hay luz. Por qué antes eras solo un nombre desconocido, ahora alguien de quién no paro de hablar. Porque la vida es tuya, pero tus pensamientos, tus actitudes pueden ser de alguien, puede ser que un día el dueño de tus suspiros sea el causante de tus mayores alegrías. Puede ser que un día sonrías por razones distintas a las de ahora, podrías desplazar del banco de tus predilecciones a unas cuantas fantasías que tal vez dejen de cumplirse.
Tu, que añoras la independencia, que vives soñando y recreando cuentos no escritos, tal vez el planear no sea tan nefasto como el no hacer nada para que todos los sueños se cumplan, niña de ojos oscuros, de ojos grandes y hermosos, tú que reflejas la simpatía desde diez metros de distancia, tú que asolas mis reproches, mis angustias y hasta mi desdicha solamente con unas cuantas palabras. Tú, que te escondes dentro de ese frasco de sentimientos rotos, tú que temes recoger tu vida pasada y pisotearla de nuevo, sí; tú que miras hacia el rededor queriendo encontrarle puentes a todos tus pasos, inventando interconexiones con el mundo. Has dejado de creerle a la fantasía, ahora vives en un mundo más ‘real’ y extremadamente pequeño. Has implementado tus ganas y deseos, ahora estás flaca de desengaños, gorda de resentimiento, inundada de desesperanza. Quiero invitarte; a salir, abrir las puertas y dejar salir a esos miedos que son grandes, deja que caminen solos; respira este calor de mis palabras, aplaca el frío de mis promesas, siente que la vida es más de lo que vemos todos los días, que aun sin decir todos los días un ‘te amo’ sabes que amas tu cuerpo, tu respiración, tu familia, tus educación…, infinidad de cosas que te hacen feliz por momentos tan largos como días enteros. Tú, que dices estar descorazonada, ama con tus pensamientos, y deja que el corazón bombeé la sangre necesaria para emplear mejor tu tiempo, para que abraces y para que las decisiones que tomes sean sabias, siempre.


Tomasso’ 16 Settembre 2011