miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quítate el vestido

Quítate el vestido, y los zapatos, también las medias, has todo lo que te pida y todo lo que quieras pedirme. ¿Descubriremos cada uno el cuerpo del otro? Andaremos juntos en esta senda de la sensualidad, caminaré yo por tus muchos oscuros pensamientos. Deslizaré mis manos por tus deseos, por tus miedos, por tus intencionados sentimientos. Quítate ahora ese impulso de empezar a correr, de cerrar los ojos y escapar, quítate esa ansiedad, ese temor por lo que nunca has visto; sueña una vez o dos, con la fantasía de la felicidad, con la aparatosa realidad del placer, con la insidiosa sensación de paz, de sobriedad, de estar satisfecho.
Quítate ese velo negro que no te deja ver más allá de lo que ves; arriésgate, nuestro punto de encuentro es un poco más allá, ya casi llegas. Y alístate el cabello, levanta la mirada, descúbrete los brazos, tu soledad, tu libertad, tu corazón. Lánzame una mirada de esas que me desnudan, quédate un poco más con ese mínimo de ropa que me seduce, ahora, arrójate a mis brazos, descúbreme en la oscuridad, silénciame otra vez con uno de esos besos que cortan mi respiración, mátame con un suspiro tuyo, ahógate en sudor, en ‘cuchilleos’, escribiré con besos sobre tu cuerpo y así llegaré a su centro a su núcleo, a su apoteósico final.
Ahora reelige tu pasado o tu futuro, búscate uno nuevo conmigo, acá estamos juntos, y mis manos sostienen las tuyas mientras te beso, mientras tu aroma de mujer se ha extendido en todo mi cuerpo. Ahórrate discursos de una mujer culta que siempre has sido, pero no hoy, hoy serás mi amante, compórtate como tal. Descubre el verdadero sentido de ésta noche, uno haciéndose parte del otro, quiero tomarte toda; también tu alma. Regálame tus mejores movimientos, tus peores intenciones, tus fantasías escondidas, dámelas a mí, sabré cuidar de estos secretos, sabré decirte cuánto me encanta.


Tomasso’ 31 Ottobre 2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

Reinicio'

Había perdido su deseo de vivir y acaso así, intentó dejar de hacerlo. No le dio abrazos a nadie, tampoco lloró lágrimas, ni penas, ni desilusión; había vivido eso durante toda su vida, ahora le pesaban sus pies para caminar o para sostenerse de pie, así sus manos ahora gigantes, eran obsoletas, dos cosas que, habiendo usado durante tanto tiempo, ahora no sabía cómo hacerlas funcionar, eran dos enormes montañas delante de él, de esos ojos, que no sabían mirar, que se desperdiciaban en ese rostro ambiguo que ni él, pudo identificar. Y su cuerpo, ¿había podido observarse, mirarse en ese espejo un poco raído por el tiempo? No, y lo sabía antes de intentarlo, sabía que la realidad era distinta, que sus miedos estaban ahí, que sus fuerzas si existieron; no recordaba cuándo fue su última vez con ellas, con ese deseo que lo movía a pensar, a enfrentarse a los fantasmas creados por los contadores de mitos de su cerebro. Existió en él, algo que no recordaba y lo sabía por esos ojos que lo miraban, esos dos aros semitransparentes de los cuales parecía avergonzarse y es que como no hacerlo, si esas dos bolas lo miraban como desconocidas, como sin saber que miraban. Enfrascado ya en un hotel sin puertas de salida, tomó sus llaves y acabó también perdiéndolas, no quería entrar ni salir, parar ni continuar, no quería nada y al parecer solo el corazón y el cerebro funcionaban en ese cuerpo que sin odiar, ahora estaba repudiando.

Se disculpó con Dios, con la Naturaleza, con las cosas que habitaban su mundo y que parecían agradecerlo, pero también se arrepintió de hacerlo, de pensarlo, de persuadirse para no hacer, lo que la vida había decidido por él. Sonrió, dejó ver sus propios dientes, su rostro henchido por ese gozo que jamás conoció, despertó otra vez de un sueño en el que nunca estuvo, pero despertaba, sus ojos eras brillantes, dicientes, ¿Qué decían? Mantuvo su mirada fija en un espejo sin más que una madera vieja que lo sostenía, ahora que deseaba, adonde se fue el impulso de irse, de abandonarlo todo; ¿acaso eso había sido su vida, una sucesión de impulsos, de decisiones; miles de veces diciendo no, contestando si y ahora, volviendo a tomar la vida como si fuese un segundo eterno? Disipaba dudas, sus penas, cuales penas, sus desengaños, cuales desengaños; no recordaba nada. Sus miedos, parecía que abría una puerta que nunca vio, estaba escribiendo en un libro cerrado, destapando frascos vacíos, caminando sobre el agua; estaba perdido y lo sabía. Sabía de sus desilusiones, de sus traiciones, de sus largas noches frente a esa realidad que lo pateaba en la cara. Sabía que, durante años había sido otro, ajeno a él y ya con tantos años sobre sí, se dispuso a empezar…, más tarde, pudo dispararse…

//Desear estar más vivo y morirse, desear estar sano y empezar a descomponerse, desear amar y colisionar con perros, desear despertar y encontrarse solo…

Tomasso’ 28 Ottobre 2011

martes, 22 de noviembre de 2011

-

Hola dijo a su hijo, y éste a su vez saludó a su padre. Luego disimulando su pesar por haber heredado su apellido y lo que significaba para él, se acomodó en su silla y empezó a dormirse.
Fueron horas de un sueño reparador y necesario, para evadir las horas pesadas del trabajo y de conversación malhumorada con su esposa. Fue un seño tranquilo, al menos eso pensó antes de haberlo empezado, ahora viéndolo bien, no; esas pesadillas que saben robarse la tranquilidad y el reparo de cualquier reposo, han llegado hasta su sueño para quedarse toda la noche. Lo peor es que por medio de ellas recordó los gritos de su jefe, la cara poco sonriente de su esposa y el viento frío de la calle. Ahora prefiere derramarse un poco de whisky en su camisa mientras el resto baja por su garganta. Ha iniciado otra noche de alcohólico silencioso, de bebedor inconsciente y tendrá así más razones para arrepentirse, para salir a recibir gritos y malas miradas con gusto. Empezó –piensa él- el mayor de sus tormentos, una futura vejez, sólo, malhumorado y silencioso sin saber que decir, ni que decirse cuando pudiera mirarse de nuevo en el espejo, ya no sus cabellos negros, sus ojos claros y dicientes, ya no su nariz rala, su boca casi hermosa, casi sensual que le producía un poco de inmortalidad siempre que se miraba en ese espejo ensordecedor como el más lánguido de los gritos; no, ahora lo que se imaginaba era  una multitud de ataúdes abarcando su cuarto y uno de los cuáles lo llevaría a él mimo, ahí sin zapatos, sin ese pantalón gris, sin esa pulcra camisa a cuadros que lo llevaba a él por días enteros, hasta en noches, donde conciliaba o mejor, cuando el sueño lo obligaba a dormir sobre cualquier poltrona, sobre cualquier cosa más cómoda que la silla de su oficina, claro, a veces era en esa misma silla donde depositaba el fulgor con que trabajaba, el ánimo con que despotricaba de su jefe con alguno que otro subordinado que también sentía las mismas ganas de decirle no más a su trabajo, pero que, apartados un poco de esa realidad, recordaban sórdidos las malas remuneraciones de la vida libertina, esa poca generosidad que la el destino al vagabundo y encontraban así, razones menos que necesarias, pero suficientes, para saberse esclavos de un trabajo, no digno de merecerlos, pero justo para ellos. Un trabajo que los hacía detenerse, más a él, que desde hacía ya unos años atrás se sentía estancado en sus años de adulto, a sus cuarenta y tantos ya no deseaba tener más hijos, a veces hasta deseaba no ser padre y divertirse como lo hacen los chicos del hoy, lanzaba carcajadas cuando recordaba sus propios años jóvenes, las escapadas de su joven esposa, de la universidad esas muchas maneras de volarse de una clase. Ahora esa barba puntiaguda que lo acompañaba, que lo molestaba en todas las mañanas, le recordaba sus años, su realidad, sus límites; su estrechez de pensamientos.
Alguna otra vez, podrá recordar estos momentos, sus canas blanquecinas le servirán al menos para eso, y así en sus adentros aprendería a refutarse menos sus propias conclusiones.
Fue un día normal como todos, pero ahora él solo, como siempre, sentía lo devastador y devastadora que habían sido su destino, su valor y su vida. Ahora sentado bebiendo otra vez un trago amargo de ginebra, recordaba que, si hubiese pensado mejor no hubiese tenido un hijo, sino más, habría con el que tiene, recogido todos sus desengaños, sus triunfos y se los hubiese regalado. Acaso encontraría algo mejor que un vástago de su propia sangre para enseñarle, desearle un futuro mejor que el suyo, regalarle todo su coraje, hasta sus lágrimas que vertían ahora de unos ojos que parecían secos y aun así vertían una sustancia oleosa y transparente. Se arrepintió, y gozó al mismo tiempo, aun con esos años, con ese cuerpo y con esa vida, sabía que ese hijo aprendería, y recibiría todo lo que se le fuera dado. Y, después de una de esas noches normales, y usadas a diario por la oscuridad y por él; comprendió por su misma cuenta que la felicidad es posible, alcanzable, y que solo se asusta aquel que sabe que puede lograrla. Reprimió su orgullo, su antigua debilidad y ya al día siguiente, sería un padre, un hijo y un esposo…, aprendería a ser hombre.

Tomasso’ 25 di Settembre e 31 di Ottobre 2011

jueves, 20 de octubre de 2011

Me gustan tus ojos, cuando me miran

Me gustan tus ojos cuando me miran. Esa transparencia y ese brillo especial que toman cuando su centro soy yo. Me gusta mirarte cuando estropeas mi figura observándola en el espejo, me gusta mirar tus pecas, tus lunares, tus cabellos, me gusta acariciar tu espalda. Me gustas, y aunque aun no sepa si de los pies a la cabeza, sé que así será. Me gusta cuando callas pero no siempre, solo esos momentos donde el lenguaje se hace expresar de otra manera. Me gusta cuando sonríes, pareces felíz, parece que la vida coincidió e hizo felíz a dos personas en el mismo momento. Me gusta cuando tus manos se posan en mi rostro y parecen haber encontrado algo que les gusta, me gusta tu espalda cuando se junta con las puntas de mis dedos, cuando su tensión se pierde y se retuerce por segundos. Me gustas. Me gusta tomarte de la mano y deambular como locos por la calle, bajo la lluvia, sobre suelo mojado, en medio de los carros, en medio de la gente, me gusta entorpecerme cuando te miro, elevar mi mirada y ayudar a que mis pensamientos vuelen otro poco. Me gusta esa que eres cuando estás conmigo, cuando sabes que estoy ahí.
Me gusta cuando callas, solo cuando sé que yo estoy hablando o cuando no es necesaria la comunicación con palabras. Me gusta hacerte sonreír con chistes malos o con alguna que otra cara de payaso. Me gusta pasar estas noches contigo, y estos días en que después de no verte lo único que me hace felíz, lo único que me sostiene despierto es saber que vuelvo a verte. Me gusta el olor de tu cuerpo en las mañanas, cuando despiertas abrazada a mi o cuando sé como suspiraste en medio de la noche. Me gusta decirle adiós a tus dolores, y darle la bienvenida a otro día felíz. Me gusta desayunar mirándote a la cara, saborear tus besos mezclados de la palidez nocturna. Me gusta ser ese que ves, cuando estoy contigo. Me gusta palidecer cuando no estás sonriente o caminar suave para no despertarte. Me gusta alimentarme de tus sueños y elaborar los míos cada mañana, mientras pido un día igual, mientras suplico un poco de eternidad momentánea.
Ahora me gustan las cosas obvias y las conozco. Me gusta por ejemplo comer o encogerme de hombros cuando no sé algo. Ahora me gusta abandonarme sobre ‘uno letto’ durante miles de segundos, mientras pasa el tiempo, mientras se disuelve el espacio al cerrar los ojos. Ahora me gusta expresarme, ahora me gusta no estar solo. Ahora me gusta saber que alguien espera que esté bien, que descanse o que sonría antes de dormir, ahora sé que la vida no es solamente suplir necesidades básicas, ahora sé que también eres una parte de mi vida y que justo ahora, sin ti, no sería vida. Me gusta decirte que me gustas, que te quiero. Me gusta decirle que en sus manos están mi sobriedad, mi realidad, mis futuros pasos, mis sonrisas. Me gustan las notas sinfónicas de sus palabras y el calor de sus abrazos. Me gusta cuando saber que sabe lo que pienso, que aun respira si le robo el aire, que aun sus ojos me prometen un futuro. Me gusta hacerle saber que tiene la llave de mi corazón, y enseñarle como abrir la puerta.

Tomasso’ 15 Ottobre 2011

domingo, 16 de octubre de 2011

No sabes...

No sabes cómo ganarte un corazón pero sabes cómo hacerlo tuyo, no sabes cómo arrebatar lágrimas pero sabes muy bien como regalar sonrisas y multiplicarlas en otro, no sabes cómo reclamar abrazos o como confiarte una buena respuesta pero sabes adormecer las penas y como decir palabras precisas. No sabes cómo crear las cosas que más me gustan, pero haces siempre lo que más disfruto.  No sabes escribir, pero tus ojos declaman las mejores poesías y tus manos saben bailar las mejores canciones. No sabes arrepentirte bien, pero sabes no volver a hacerlo. Tal vez ahora estés deseando no haberme conocido, no en este tiempo, no en estos días; sino antes. No sabes pelear, pero sabes cómo hacer para que yo precise lo que no te gusta. No sabes cómo abandonar un plan, una secuencia, pero sabes cómo cambiar los destinos, los finales, si es que acaso no los haces transparentes, invisibles. No sabes adivinar mis pensamientos pero sabes con seguridad lo que siento por ti. Sabes despertar una fiesta acabada, sabes despilfarrar el amor, sabes arrebatarme mil y una de las palabras extrañas que siempre tengo para decirte. Sabes arriesgarte auncuando dices que temes perder. Porque las estrellas para ti son más que muchas luces juntas y la distancia sólo un borrón en el espejo, una razón más para pensar, otra sinfonía más para bailarle al corazón.
Has escrito dentro de las fantasías equilibrando así todo lo ‘real’ de fuera con eso maravilloso sin vivir que hay dentro. Has edificado un edificio y quieres que esté ahí dentro contigo, pero; sólo hasta ahora caben tus sentimientos y un poco de los míos, habrá que seguir construyendo, habrá que trabajar más, agrandar las ventanas y hacerle más puertas, habrá que pintar otro poquito y hacer las cortinas más largas. Será grande, porque si ahora siento lo medianamente esperado, sé que después no será así y tendrás que llevarme en brazos o tendré que arrastrar eso que siento. Las fantasías son muchas, las realidades no tanto, he empezado a tropezar mientras camino sin ti y ahora mismo empiezo a estremecerme cada vez que te menciono.
Sabrás transformar mis días tristes por alguno de aquellos que compiten por ser el mejor de los que he vivido. Sabrás entristecerme cuando te haya pasado algo, cuando estés enferma o melancólica. Tú no sabes mentir, pero sabes callar lo que sientes, no sabes cómo hacer que se me dilaten mis pupilas pero sabes tan bien como agudizar todos mis sentidos. No sabes enamorar, pero haces que te quiera. No sabes lo que me pasa, pero sabes hacer que se me pase; tú no sabes hacerme callar, pero sabes cuándo darme un beso. No sabes dar una caricia sino muchas, sabes cómo adornar la simpatía, acomodar las tristezas para que no pesen y alivianar el dolor; sabes sujetar la certidumbre. No andabas por ahí sin saber que hacer porque aunque no sepas hacia donde caminar, sabes bien lo que debes hacer. No me abandonaste, solo sabes que ahora el puente resiste de a uno. No te fuiste deprisa para llegar primero, solo me estás quitando las piedritas que hay en el camino. 

No sabes que te quiero, pero…, te quiero.

Tomasso’ 14 Ottobre 2011

miércoles, 12 de octubre de 2011

...'

Tuvo ganas de llorar mientras abandonaba sus manos en el piano, pero fueron más fuertes las notas, el frío que entraba por algunas hendijas dejadas a conveniencia para obtener mejores sonidos, para no acalorarse demasiado cuando se hiciese tarde. La noche que se colaba entre el sonido y el ronroneo de ese movimiento poco brusco al tocar las teclas, al introducir la música del cerebro de cada uno de sus dedos a esa caja hecha de caoba, color marfil; o al revés dejando que por medio suyo entraran esas melodías a su cerebro. En esas cosas del sentir uno se equivoca, se podría decir que se siente la mesa rígida, el lápiz de madera meciéndose al vaivén de las letras que quieres dejar ahí, visibles y transparentes al tiempo; se puede decir así que la soledad no se siente, apenas y se le escucha en esas pocas palabras que el aburrido silencio deja traslucir una que otra noche, una que otra mañana cuando se despierta con las manos apagadas, frías y sin nada para remediarlo. Ahí, ellas con su frío, y lo demás esperándote o esperando que pases para empezar, para dejar de ser otra vez, eso que tú crees que eres.
Las libélulas que se posan solas en los atardeceres, lo hacen en aguas estancadas, en charcas olvidadas, pero lo hacen para dejar sus huevillos, su descendencia; esos, que volverán a despojarla de esa soledad a la que poco ha estado acostumbrada. En las tardes los niños corren tras ellas, las quieren pues son algo fantástico; los que dicen ser grandes las odian, las evaden, las buscan para quitarles la vida.
En esas cuestiones emplea los minutos necesarios para su descanso, ese momento antes de su retorno a la música, a sus pensamientos ahondados en filosofía. Acaso no es de grandes sabios preguntarse todo eso, de donde se vino, cuál es el fin de sus días, de su vida, de lo que dicen y transmiten esas notas. Tal vez, sea él, uno de esos locos pensadores, de esos genios que no valoran el mundo  externo, pero saben identificarlo, saben hablar de él, de sus fines. Ahora, tomará el teléfono y llamará a la casa de Alejandra, chica de ojos grises, que de perfil parece arrepentida de estar mirando, de estar despierta; con cabellos largos…, hasta la mitad de la espalda, con su rostro opaco, pero con una transparencia única. Contesta la mucama y después de explicar el motivo de su llamada (inventado en ese momento, ni sabía porque lo hacía), al haber esperado cinco minutos largos tras el auricular, Alejandra contesta con un ¡hola! descortés y frío, como era de esperarse en días como éste en el que no ha pasado nada trágico, en los que aun se sigue en guerra, en donde salir hacia la calle 23 o a la carrera 14 da igual, también ahí habrá un disparo. Es tiempo de dictadura!. Allá estará ella, siempre tan falta de cortesía, tan falta de pena por mí que solo le muestro mi interés hacia sus miradas y hacia sus sonrisas. Quédate ahí, tal vez tu lugar  nunca será mi lugar.

Tomasso’ 26 di Agosto 2011

domingo, 9 de octubre de 2011

Erase una vez un chico afortunado

Erase una vez un chico afortunado, pues había encontrado en una sola persona todo lo que había buscado. Encontró ese sosiego necesario para reiniciar cada día, encontró una segunda mano que lo recibiese al final de sus escaladas, en la cima de sus metas, encontró ese aire que a veces le faltaba al hallarse tan alto y disfrutó a su lado, tantas de las fantasías que jamás había inventado.
No dudó en añorar pasar todos sus días con ella, con dedicarle todos sus triunfos y que le ayudase a abandonar todas sus penas, todas sus flaquezas, que le reviviera todos los días ese frío corazón con el que dormía, que le entregase ese otro poco de temperatura necesaria para su pasiva subsistencia. Resistió sismos, cruzó montañas siempre, para estar a su lado, para darle su amor, su compañía, su ternura; disfrutaban como lo hacen dos jóvenes en plena adolescencia, con un miedo sospechado pero rebasado por un amor suscitado por sus besos, por su aliento, por esas sonrisas continuas, por tanto amor que sabían darse. Disfrutaban. Eso digo yo que los veo desde un futuro muy largo, diez años después, habituado a hablar de ellos y de lo que hacían o lo que no hacían, por qué no podrá creer querido lector que le hablo como si yo hubiera vivido esas ávidas fantasías, no, yo solo fui un espectador más de esa linda historia, que claro como dice mi madre, también tuvo su acucioso final, aunque tardó mucho en darse por hecho, o por enterado, ese chico duró largas semanas reprochándose que hacía mal, que le faltó para hacerse felíz, para introducir en esa caja de alegrías en la que fue convirtiéndose ella.

Les pregunto sobre qué cosas pueden justificar la ruptura de una relación, si es que a eso que vivían se le puede llamar así, que se sabía tan armoniosa, tan fuerte. Tal vez no previeron nada de lo que sucedió después como suele sucederle a todo ingenuo que no vé más allá de la aureola de su cabeza. Tanto, como para sus posibles locuras realizadas fuera de la relación, como para las múltiples sutilidades que ella puede estar realizando sin intención de enfadarlo; claro, sépase que sus sentimientos hacia él, eran sinceros, duraderos, únicos y que él sabía de su seguridad, de sus faltas y tardanzas; y por eso empezó a sospechar, pensaba que ella lo olvidaba de manera progresiva y que no se lo hacía saber. Empezaba a pensar que ya no era él a quien amaba, si es que ahora amaba a alguien, al menos sabía que esos besos, esos abrazos, esas miradas ya no tenían tanto amor. Sabía, porque en el principio era cariñosa, no faltaba a sus citas y se preocupaba por todo lo que le estuviese sucediendo.

Descubrió ella que ya no lo quería igual, que le estaba engañando con cada palabra que le decía, con cada beso y decidió encausar sus fuerzas al rompimiento, al final de sus sueños, de sus ideales.
Ya sé que no es fácil devolverse al principio y empezar, éste chico aprendió lo que debía aprender y después de tanto darle vueltas en su cabeza, decidió alejarse, hacer caso omiso, seguir sonriendo, seguir aplaudiendo por fantasías así, por los fantásticos sueños del ser humano. Ahora sonríe más, disfruta más. Espera que su corazón quiera más, otra vez, aun lo siente vacío y quiere llenarlo.

Puso todo su entusiasmo en conocerla y aprovechó cuando pasó por su casa, tiró dos piedritas a su ventana y así, con su corazón agitado y sus miedos agrandados, los aplacó al verla, al abrazarla sin hablarle, usando ese lenguaje del que se valen los mamíferos no hablantes…Pasó a ser un chico afortunado pues había encontrado en una sola persona todo lo que había buscado.

Tomasso’ 15 Settembre 2011

jueves, 6 de octubre de 2011

...es mejor detenerse

Porque a veces es mejor detenerse, parar un segundo o dos, esas veces que te sabes capaz de definir el tiempo. Es importante aprender a respirar, saber tomarse el tiempo necesario para decir o hacer algo, porque no sabes cuándo serán necesarias tus palabras, pero si sabes cuándo son excesivas. Porque a veces mi celular es una hoja y mis tonos son los recuerdos haciendo fila uno tras otro, porque a veces siento que las llamadas son otras, que esas punzadas-corazonadas o pensamientos casi ilógicos que se agarran a un sentimiento y refluyen, no son más que el recuerdo de algo importante que tu convertiste en nimiedad. Porque la tristeza los invade, les dice que hacer y a dónde dirigirse, porque la incompetencia es mía no del que me enseñó, porque el sol no sale para que yo lo mire, sino para hacerme caminar, porque la luz de la luna está ahí para decirme que aun en las noches y que en la oscuridad también hay luz. Por qué antes eras solo un nombre desconocido, ahora alguien de quién no paro de hablar. Porque la vida es tuya, pero tus pensamientos, tus actitudes pueden ser de alguien, puede ser que un día el dueño de tus suspiros sea el causante de tus mayores alegrías. Puede ser que un día sonrías por razones distintas a las de ahora, podrías desplazar del banco de tus predilecciones a unas cuantas fantasías que tal vez dejen de cumplirse.
Tu, que añoras la independencia, que vives soñando y recreando cuentos no escritos, tal vez el planear no sea tan nefasto como el no hacer nada para que todos los sueños se cumplan, niña de ojos oscuros, de ojos grandes y hermosos, tú que reflejas la simpatía desde diez metros de distancia, tú que asolas mis reproches, mis angustias y hasta mi desdicha solamente con unas cuantas palabras. Tú, que te escondes dentro de ese frasco de sentimientos rotos, tú que temes recoger tu vida pasada y pisotearla de nuevo, sí; tú que miras hacia el rededor queriendo encontrarle puentes a todos tus pasos, inventando interconexiones con el mundo. Has dejado de creerle a la fantasía, ahora vives en un mundo más ‘real’ y extremadamente pequeño. Has implementado tus ganas y deseos, ahora estás flaca de desengaños, gorda de resentimiento, inundada de desesperanza. Quiero invitarte; a salir, abrir las puertas y dejar salir a esos miedos que son grandes, deja que caminen solos; respira este calor de mis palabras, aplaca el frío de mis promesas, siente que la vida es más de lo que vemos todos los días, que aun sin decir todos los días un ‘te amo’ sabes que amas tu cuerpo, tu respiración, tu familia, tus educación…, infinidad de cosas que te hacen feliz por momentos tan largos como días enteros. Tú, que dices estar descorazonada, ama con tus pensamientos, y deja que el corazón bombeé la sangre necesaria para emplear mejor tu tiempo, para que abraces y para que las decisiones que tomes sean sabias, siempre.


Tomasso’ 16 Settembre 2011

jueves, 29 de septiembre de 2011

Mientras tú estabas sonriendo

Mientras tú estabas sonriendo, el escribía sobre tu color de ojos, tu color de piel. Imaginaba largas conversaciones contigo, esas en las que él se sabía enorme, hablador y hasta interesante, algo así como preguntándote algo, diciéndote lo linda que estabas ese día, cuando por azares del destino lo conociste en una clase ‘rara’ de esas que hasta no llevar la mitad del curso no sabes de qué se trata. En esas horas donde crees deslumbrar con solo mirar o con solo usar unas cuantas palabras, pero;  en realidad solo eres una parte de lo que en realidad eres… indefectiblemente, puedes tomar todas la precauciones que existen, intentar no hacerte daño, intentar no hacer ningún daño, establecerte atrás de miles de muros y al final, claro con excepciones, terminarás deseando no haber empezado, queriendo creer que el amor no existe que ese dolor que no solo siente tu cerebro, sino también tu cuerpo, se esfume de una vez por todas, desearás no haber conocido a ese alguien que tú dices, te ha hecho sufrir. Tal vez estarás dichosa, disfrutando de tanto sueño realizado, de tantas historias plasmadas hoy en la realidad, de tantas sonrisas, de tantas caricias que tu hasta hoy has creído sinceras y claro, no es que te quiera decir que eso es mentira pero sí, que de eso no vivirás; encontrarás un día en el que mirarás hacia atrás y descubrirás que tanto sueño, tanta historia y tantas sonrisas, tal vez no son lo que esperabas de esta vida tan corta, que ese camino que siempre pensabas tan seguro hoy no lo es, que el que pensabas era el amor de tu vida hoy, y solo por algunas conversaciones cortas es tan solo un recuerdo. 
En realidad no tengo ninguna idea de lo que será ti vida en el futuro, ni siquiera en el más cercano, pero aun así puede ser que disfrutes de los atardeceres, que los días largos y sosos para mí, sean los más dichosos de tu vida, puede ser que tu si disfrutes de las medias once sin comer, sin hablar y sin sonreir, puede ser que disfrutes caminar sola, mientras ese alguien que crees querer está viendo alguna película en esa mortaja en forma de televisor; puede pasar que tus ideales sean vivir una vida sin sobresaltos, sin problemas, sin remordimientos; tal vez tú no eres para mí ni yo soy para ti.
Pero disfrutas de la luna como yo, ves las estrellas como si fueran paquetes de regalos sin destapar con la misma ilusión que yo; caminas tratando de trastornar un poco las horas, tratando de robarle tiempo al tiempo como lo hago yo, claro, tal vez y lo hagas, tal vez para ti la vida no es tan complicada como dicen que es para mí, y es seguro que así sea. Pero eres felíz, ¿justamente al revés de cómo digo yo? Disfrutas de tanto silencio de tan pocas sonrisas, de esas caricias arrebatadas en invierno, de esas tantas sustancias que remedan un verano…, espero que sí, espero que al menos tú no hayas mentido con eso que decías, que eras felíz, que sonreías por placer, por dicha, por todo eso que contrariamente reflejaban tus ojos.
Sabes que te has metido en mis pensamientos, en mis días de veinticinco horas, en mis noches oscuras y que por mucho que tus miradas reflejen distancia, frío, incomunicación; yo estaré haciendo algo similar a eso que hacía y decía hace pocos días y que aun sabiendo de tus pocos, escasos o nulos sentimientos hacia mí, mis conclusiones, mis sueños y claro, mis deseos no cambiarán. Es seguro, que no tengas ninguna intención en que piense en ti, en que celebre tus triunfos, en que sonría por tus sonrisas, pero por ahora, no puedo controlar a mi sistema autónomo y menos a mi sistema límbico que como sabes está interconectado, mis pasos, mis pensamientos, y hasta mis gestos (algo tan controlable) están a merced de este corazón único y revolucionario que aun dándole suficientes razones como para olvidarte, o al menos como para que restaure sus fuerzas y entienda que no debe perderlas, o al menos no de la manera en que lo hace contigo. Sabrás que alcancé a quererte desde ayer y hasta un día más que hoy y espero que el día en que leas esto no cambie mucho las fechas, ni sus conclusiones.

¡Idiota! Porque sigues alimentándote con gusanos, por qué sigues remedando un ser inalcanzable si estás arrastrándote por el suelo. Por qué dices volar, si ni alcanzas a conocer el color de sus alas, apenas y conoces su nombre, apenas y sabes que hacer para hacerla sonreir cinco segundos. Fantástico, has estado en un mundo único, de fantasía, pero solo tuyo. La realidad, nuestro mundo…, es otro.


24 di Settembre’ 2011

sábado, 17 de septiembre de 2011

Ojos negros

Aprovecharé sus ojos negros, grandes como el sol, aprovecharé sus palabras y su sonrisa. Usaré todo como ladrón de sentimientos y de espacio, abarcaré un poco más de días y realizaré las piruetas acostumbradas, derribaré esa barrera que ahí se ve, al otro lado del espejo. Reeditaré las tácticas del amor, esas palabritas mágicas que tantos han querido encontrar para no hallarse nunca entreverados en las penas y/o consecuencias de lo que llaman amor.
Tal vez no esté de más auto-advertirme acerca de lo mucho que debo vigilar mis propios pasos y mis pensamientos. Las mieles del amor se hicieron para personas soñadoras, triunfantes dentro, sin miedo de ser grandes, de ser los protagonistas de sus vidas, y yo, con tan pocos años deseo enormemente abandonar mi papel histriónico y lanzarme al estrellato de mi novela, de mis actuaciones, quiero ser yo todo eso que he soñado ser, pero que aun temo dejar ver.
Ella, como siempre arrinconada en sus tantas cosas por hacer, en su constancia, en su forma romántica de endulzar las palabras, cobijada de tantas palabras de miel y alguna que otra rosa adornando sus cabellos, porque disimula si siente placer en algún momento, porque enfunda la espada de su amor; porque limita un poco sus sonrisas cuando sospecha de alguien que las roba a la primer oportunidad. Ilusiones hay por montones, al menos eso piensan, ya casi se me están muriendo las mías y creo firmemente que a eso es a lo que se le llama ser joven, ser capaz de añorar, de ilusionarse, de lanzarse en busca de un ideal, de fracasar con un sueño y sin abandonarlo estando ya en el camino de la ejecución de otro. Juventud, apenas ahora sé que estoy en ella, que la uso a diario, que me aferro a esas cosas, a ese carácter que no estando seguro, desaparecerán en unos años más.
Buscando excusas para escribir he encontrado una casi genial, sus miradas ocasionales, sus sonrisas dulcemente expresivas; la idea de volverla a ver. Esas excusas agradan, por hoy que nada importa, por hoy que la eternidad se fusiona con lo demás, hoy que el recuerdo es una más de las farolas de mi cuarto. Dos han sido las veces que le he visto, que le dije cuanto me agrada hablarle y su olor, claro, espero que también tenga conocimiento del lenguaje visual. Le enseñaré aquello del poder de las miradas, ella lo entenderá, tiene ojos hermosos como para no hacerlo.
No es la mejor etapa de mi vida, lejos está alguna de serlo, pero todavía se aparecen personas excepcionales en ella; quiero creer que lo hacen para enseñarme algo, para compartirse conmigo alguna cantidad de tiempo. Ella ha empezado a hacerlo y mi adicción también ha comenzado.
Describo mis sentimientos como hablando de un paisaje o como leyendo un libro de expresiones corporales; aun no se lo he contado, lo que sentí, ni lo que pensé. Sé que justo ahora lo está leyendo en esta página. 


Tomasso’ 22 di Agosto 2011

sábado, 10 de septiembre de 2011

Ironía. Otro sin límite del homo sapiens

Tanta labilidad emocional, tanta simpatía, tanto deseo de serle fiel a la raza humana. La palidez rodeando tu cara haciendo surcos en tus mejillas…, la sonrisa desdibujada en tu rostro, tus dientes todos mostrándose, ayudando a mostrarle simpatía a ese que destruye tu hábitat, a ese que te encaja el humo de sus cigarrillos en tus ropas, en tu piel, en todo tu cuerpo. Tus dedos marchitados de tanto tocar, de tanto pensar antes de lanzarse a conocer el mundo, están ahora pasivos, silenciosos, estrechando manos, enmarcando adioses, disimilando pérdidas, iniciándose en soledades. Duermes,  descansas, deambulan tus pensamientos en tu cerebro; los sentimientos se olvidan, de derrumban, se visten de invisibles. Ahorcas tu soledad, le escribes a las personas que dicen no conocerla, les pides ayuda y tu orgullo hace que todo sea aun más difícil que de costumbre. Nadie está allí contigo, nadie te ha dado la mano para desplegar estas letras o para pensar que eso de lo que hablas no existe. Si, estás solo, eso no quiere decir que debas sentirte abatido, desdichado; me dijeron que así te conoces, así aprendes a vivir y a pensar como homo sapiens un poco más rápidamente que los demás. Me han dicho que si aprendes a vivir en soledad, puede ser, que nunca estarás solo, puede ser que te busquen los alienados, puede ser que te busquen los que no conocen esa sensación de escuchar únicamente el latir del corazón, puede ser que caminas hacia una realidad distinta, pero que visitas solo de vez en mes…, puede ser que la soledad es tu mejor compañía, que esa sensación de poder, de serenidad, de paciencia solo la experimenten los que vivieron solos, los que saben apartarse del mundo  y crearse ese espacio necesario para soñar, para pensar, para definir las distintas maneras de salvarse y ‘arreglar’ el mundo.

Cuanto romanticismo desperdiciado. Yo ideando una casa en la cima de un árbol y tú caminando hacia la escuela. Investigando el deambular de las hormigas, el inconstante tropezar de las babosas y yo aquí perdiéndome en el mundo, ahogándome en él; incomunicaciones como la nuestra, como este sinsabor que me dejas en los labios, tratamos de evitar los silencios, enmudecemos, solo se escucha el sonar de las caricias, la intemporalidad de las miradas. Despiertas pidiendo a gritos una palabra, te responden mis piernas tibias, mi mirada extraña, mis brazos pesados, el tic tac de tu reloj de pared. Otra vez somos presas del silencio, de esa realidad que consumimos, hartos de tanto arriesgar por un mañana al que aun no nos acostumbramos, por un futuro que nunca vemos. Escribiendo en días como éste, haciéndolo opaco, gris, arrugado, quitándole sus colores, haciendo de la noche la mejor ausencia, la mejor casa de los fantasmas. Lanzando en la oscuridad lagrimas por los aires, alientos a los suelos, ese calor de los cuerpos hacia las estrellas; intentando recuperar el día, soñando con esa claridad que antes existía, que el mismo que conociste ha olvidado, ha enmudecido, lo ha marchitado. Los días, eran muchos, ¿a dónde fueron? Que dijeron antes de irse, no fui yo quien los echó, vi como lo insultaban con bombas, metrallas y todo tipo de artesanía armamentista, como lo olvidaban con la idolatría hacia otros reyes, hacia otras luces; lo abatieron en combate, se defendió con brisas, tormentas, deslizamientos, huracanes, sismos, no lo sintieron…ahora desaparece. No veo nada, no siento nada y eso que la guerra es allá en otro país, en otro continente, a muchísimos kilómetros de distancia; eso que el que llora no es mi hermano, ni mi hijo, eso que quienes murieron no son ‘nada para mí’. Eso que yo soy humano…, un pensador. Un historiador que hace las veces de un histrión, de marioneta. Circense abandonando su espectáculo, sus consecuencias…su trabajo dando resultados; niños mutilados sonriendo, soldados sin pies jugando al fútbol, madres sin hijos abrazando niños. Ellos los de arriba dibujando su figura en el espejo para hacerle luego la corona, limarse los cachos, quitarse la capa, los olores y hacerse un espacio en la política.
¿Y nosotros? Sigamos jugando con camellos en el mar, volvamos a esa ignorancia escogida, a esa telepatía insensible, a esa arrogancia continua, a esa insensatez, a esa poca condescendencia; algunos quieren evolución…ya parecen animales.


Tomasso’ 4 di Settembre 2011

domingo, 21 de agosto de 2011

Microrrelato'


Microrrelato: Hoy he subido un buzo rojo hasta mi cuerpo, ayer pude decirle basta al internet, en el futuro podré dejarla-ella dice saberlo''. Hoy pensé en ella, ayer escribí de nuevo en un papel, en el futuro tal vez podré borrar el pasado con más y más escritos. Hoy no sé qué pensar pero sé lo que piensa ella, eso basta para que yo me detenga, claro, he demostrado no querer hacerlo, pero es lo que ella quiere. Porque se puede vivir sin pensar, eso dicen, tal vez para mí eso no se cumpla, pero se cumple que ya no pensaré en ella, no tanto como antes, la dejaré en su planeta de nubes amarillas.
 
Lancé una mirada fugaz hacia el cielo y se atravesó la luna, pero dije que la próxima la vería con ella y aun después de todo; espero poder cumplirlo. A ella al parecer un río de decisiones se le mezcla en su cabeza y no está mal, tal vez no piense en mi corazón, en mi vestido en esta cara triste con este sweater rojo. Ella quiere olvidarme y no sabe lo que yo, jamás lo hará y yo sueño en que se dé cuenta de eso, en que evite recordarme en que quiera tenerme al lado, en que no tenga que repetir mi nombre, porque otras palabras le saldrán de sus labios. Yo sueño en que un día sus ataduras se vayan, la dejen sola y ahí podré acompañarla, pero no sé bien lo que busca, o lo que no. No sé si lo que me pide es esperar o es que huya. No lo sé. Aun no aprendo a leer sus silencios. Aun mis ideas son tan escasas como para no saber lo que ella sabe, lo que ella ve, lo que ella sufre. Aun mi sentimiento es tan pequeño que no me alcanza para definirla a ella como una luchadora contra sus sentimientos, como una triunfante del desamor, como una vencida por su cerebro por esa mente que también soñó pero lo dejó pasar. Tal vez mi arrebatado corazón descubrió que con el suyo no estaría unido, que sus latidos iban a ser distantes, sonantes, y no encontrarían simetría con otro. Tal vez aun me quede el recuerdo, la soledad y la alegría de tantos días, de tantas risas que me regalaste o que pude robarte, un robo con los ojos abiertos
>>Era como estar cometiendo un robo, pero un robo autorizado por la víctima, lo que todavía me asombra. Talvez, me queden los detalles, la sonrisa sincera, el recuerdo de un sentimiento dibujado plasmado en tantas palabras, tal vez me queden sus besos, mis labios son expertos en absorber lo que no volverá a tener, son expertos en sentir lo exquisito y pasajero, lo hermoso y transparente. En mis labios también supo quedarse.

Este conjunto de ropas rojas se rehúsan a bajar, pero yo me desnudaré de lo diurno una vez más, dicen que el dormir, es el olvido pequeño. Allí la olvidaré-mentiré pensando eso-así que espero que de nuevo no se incluya entre mis sueños y que si lo hace esté segura de hacerlo. No de que la sueñe, sino de ser soñada, de ser metida otra vez en esta fábula, otra vez en este cuento que se trunca con el azar de tantas noches, de tanto vacío. Esta vez quiero dormir, queriendo que haya un mañana, esta vez también dejo muchas cosas para después, esta vez no me aterra el futuro, lo sueño y espero. Esta vez arruinaré mis miedos y les daré 6 horas de sueño para que se vayan solos y en paz, esta vez vuelvo a abrirle las puertas a la soledad, la dulzura y acaso muchos momentos de felicidad. Los espero pronto.

Era un microrrelato así que ha terminado-ya alcanzo a ver el sweater rojo.

Tomasso’ 18 Giugno 2011

lunes, 15 de agosto de 2011

Mezcla de presentes

Hoy como por diversidad me encuentro en una relación que no es relación, no sé lo que es; me atrevo a decir que es magnífica que es como la había esperado pero…no me llena del todo, es difícil que mi personalidad aprenda a encontrar cosas distintas de lo que siempre ha vivido, pero cuando lo hace tampoco le es fácil acomodarse a ellas. Me es difícil el cambio como a todos, claro está, siempre con las intenciones más firmes de dejarlo, de abandonarme al deleite de las cosas simples, del gozo de una realidad menos complicada y dejar que los cambios sean parte de esta vida rutinaria y así situarme en una especie de irrealidad propia, vivible, eso de cambiar…, tal vez no sea tan cierto pero se le debe dar el espacio al tiempo, al espacio, o esos otros espacios que no conozco y tanto bien me harían.

Escribo casi tres años adelante, después del inicio de la primera frase y al no recordar muy bien los tantos detalles que me invitaron a hacerlo, al menos reincorporo en este escrito alguna de las sensaciones de esos días. El miedo por ejemplo, los cambios que pensándolo bien son tan irrepetibles y tan inevitables; claro se pueden escoger, algunos hasta inventarlos de la nada, o darles matices parcialmente más vivaces o más apetecibles, pero al fin los cambios se dan solos, no más te despiertas un día y apareces con un miembro más largo, con un vello en alguna parte más largo o más oscuro, con otras cuántas neuronas destruidas por algún pensamiento inconcluso, o por el contrario con más células dentro y claro, llevando entre ellas una reproducción de la cuál ni te das cuenta. Tal vez, ahora que lo pienso con un poco más de tiempo entre manos, creo que muchos de los cambios de los que creo, sucedieron solos, pasaron por alguna de mis locuras, claro; justo en el momento en que nos sentimos menos locos, menos negligentes, nos vamos al extremo contrario donde por alguna razón digna de llamarse estúpida esquivamos todas aquellas razones que nos mueven a hacer las cosas bien, a marchar sobre los rieles de nuestras costumbres o a lograr aquellas cosas que siempre dicen, te hacen felíz. Yo, en palabras de otros, he desperdiciado algunos miles de minutos acostumbrándome a no acostumbrarme como dice Tomas Mann en su ‘Montaña Mágica’. No es de esperarse que diga que soy felíz o alguna mentira similar, pero al menos he tenido varios momentos de sosiego, de paz que si los cuento o si los recuerdo podría recuperar algunas imágenes que fuera de ser irrepetibles, son también incomparables, imágenes que me remontan a otros tiempos, que me recuerdan que yo también he sonreído con verdadero entusiasmo, que he querido desde dentro y he dado todo de mí algunas veces. La tristeza es una señora a la que no me place saludar, sus visitas son repentinas y me deja huecos deshabitados.
Ha cambiado mi bigote que ahora se antoja por ser visible, han cambiado mis brazos veces innumerables a veces flácidos a veces tan fuertes que asombran, ha cambiado mi cabeza o su cabello que en realidad me sabe dar tantos cambios que solo él. Ayer no más, al querer darle un matiz distinto noté que ya se estaba haciendo grande y que sus hijos allá en las puntas cada vez se hacen más rebeldes y no es por hablar mal de ellos, ahora mismo no se inclinan a revisar esto que digo, pero dudo que no lo hagan en pocos días. Mis manos tienen surcos que antes no se hacían tan evidentes, mis ojos son más claros, al parecer los rayos de sol si han logrado algo en mí.
Cambios tan invisibles como cualquiera que quisiese hacerse ciego, o tan inconstantes como los climas de estas tierras abandonadas a veces hasta por mí, tan insufribles como los despertares nocturnos y obligados de tantos que como yo no los evitan, si detrás de ellos están los sueños no desesperados, el anhelo libre y constante de ser mejores, de ser alguien, de dejar huella, de arrepentirse de las cosas no hechas un segundo y seguir sintiendo esas fuerzas arrolladoras de lograr tantos planes que rebullan y se revuelcan, como ahora en mi cabeza, que ahora sostiene unos cabellos oscuros, casi rubios , esos que un día serán grises. Puedo imaginarlos blancos y quiero recrear esa imagen con una sonrisa…
Tomasso’ Dicembre 2008 - 10/09/11