martes, 18 de junio de 2013

Palabras

Lar armas que yo disparo son dardos sin tinta y sin punta, pero duelen, digo yo, a mí me duelen, viera usted, me duele al dispararlos, cuando los pongo ahí tan suave como puedo, dejan una marquilla en los dedos, un halo, quedo cómo quemado, porque eso que siento no lo vuelvo a sentir, ese humo se va.
Haga lo que yo, inténtelo, se le perderán esos cartuchos, dispare, dispare cuántas veces quiera, hágalo con rabia, con dolor, porque duele, y usted no lo sentirá como yo, porque usted no sabe disparar, apenas y conoce esas armas, apenas y sabe que significan, cómo se toman, cómo se agarran a dos manos; entonces aprenda, no le irá mal, no al final. Sienta el arma en sus dedos, esa conexión, esa transformación que usted les puede dar, y lo distinto que puede ser el matar con una bala así. Hiera. No mate. Use bien su cabeza, no es un sombrero, póngale uno y empiece a sospechar si no se enoja, si todo le parece bueno, si le sonríe a la injusticia, si sigue callado. Sospeche de todo, se ha preguntado el porqué del arco iris, o acaso es común y normal ver ese arco de colores inmenso en una cordillera, usted no escoge eso, usted lo que escoge es poco, pero elija, es bueno saberse útil, que se está vivo, así sea mentira, hay muchos que están muertos durante años, después cierran los ojos por siempre.

Señálese de vez en cuando, dude de usted, de lo que dice, de las cosas que hace, estoy totalmente convencido que puede ser mejor, y debería. Pinte unos colores distintos, hágase una silueta del reflejo que proyecta; encontrará aristas que jamás creyó ver en un espejo. Alargue sus manos y toque sus pies, inténtelo las veces que necesite para lograrlo. Afine su voz, sólo tiene una, repítase sílabas, dígase palabras que nadie le dice, de vez en cuando, una o dos veces por semana, conózcase, recicle eso que quedó de usted, no son desperdicios, es usted, son sus pedazos; analice de nuevas esas pestañas, esas pupilas, concéntrese. Es usted ese que ve. Si no. Búsquese. Aprenda a palpar esas cejas que ve, esa nariz respingona, ese cabello. Vaya y muestre todo lo que usted ya conoce, venderá fácil y mejor. Eso sí, no se regale, que usted vale, sino, pregúntese todo lo que ha tenido que soportar para tener los años que tiene, pregúntese cuántas cosas han tenido que pasar los demás para que usted ahí, viendo borrones en un espejo. Nada es gratis. Ni siquiera lo que escribo. Esto me cuesta. Saberme tan humano, tan despiadadamente humano. Sentir celos, sentir rabia. Sentir. Siento cómo usted se va, como se pierde. Vuelva. Aquí está nuestro mundo, sólo hay que reinventarlo. Ponerle un vendaje. Mostrarle más y mejores obras de teatro.

Me gusta el sonido de la lluvia y el de las palabras en mi boca, en mis dedos.


Tomasso’ 22 Aprile 2013

Solo un día para toda la vida

Así lo viví yo. Desde que me desperté a las siete horas de hoy estaba pensando en ese momento, en esa noche, en esos ojos. Todo estaba preparado. El vestido, las medias, los zapatos, todo reposaba en mi cuarto, junto a la almohada, eran ese tesoro recientemente adquirido, partes de lo prontamente acaecido. Ya después del desayuno iniciaron las palpitaciones, las llamadas, las sonrisas acuciadoras, los apretones de mano. Yo empecé estando tranquilo, me vestí como todos los días, sabiendo que éste no era cómo todos. Estuve mejorando puntos de noches atrás, acompañado de hermanos y otros familiares, iba de allí para allá, mejorando los pormenores, sumando detalles. La aguja horaria de mi reloj parecía girar más deprisa y vino el momento de vestirme de mejorar detalles, ahora frente al espejo, de blanco, con ese pantalón ajustado y esa chaqueta que tan bien, decían que me lucía. Pasaron horas, para mí, escasos minutos, y ahí estaba. 
Caminaba despacio, no quería repetir ningún segundo. Era único. Observé a los que estaban allí, amigos y familiares, y no pude disimular una sonrisa, una que permaneció toda la noche, bebía la felicidad a tragos largos. Después fueron las risas, las palabras, las miradas. Verla entrar así de blanco, tan sonriente, sentir acelerarse mi corazón y empezar ese camino, sin ella, pero esperándola, yo sabía que me seguiría, lo había hecho durante años. Y así fue, como si nunca la hubiera tenido entre mis manos, la sostuve, la llevé unos metros adelante, solos, para mí, para los dos. Era nuestro momento. Todos lo sabrían. Y le hablé, pude sentirle el pulso, ver sus ojos, a través de ese hermoso velo, y sólo quedaba esperar. Sentir ese deseo de besarla por primera vez, pues olvidé todos los besos, todas las miradas, estaba reconociéndola, era ese momento donde nuestras vidas se unían, dónde empezaba a llorar por ella, dónde sonreía por ese regalo grande que se me estaba entregando. Jamás podré repetir esa sensación. No la he necesitado tanto cómo hoy. No la he extrañado tanto cómo hoy, la saludan y la besan; se despiden, se va conmigo. Iremos a conocer un mundo para dos, todo es nuevo. Los colores ahora relucen, y la fantasía es nuestra fantasía, se reviste de verde, brilla, se mete en nuestros pensamientos, en nuestros corazones, difícil sacarla.

Ya sé que todos estaban contentos, yo fui feliz. Y la llevé ahí junto a mí, era mía y yo era suyo. No lo olvido y constantemente se lo recuerdo.





Tomasso’ 21 Aprile 2013