Lar
armas que yo disparo son dardos sin tinta y sin punta, pero duelen, digo yo, a
mí me duelen, viera usted, me duele al dispararlos, cuando los pongo ahí tan
suave como puedo, dejan una marquilla en los dedos, un halo, quedo cómo
quemado, porque eso que siento no lo vuelvo a sentir, ese humo se va.
Haga
lo que yo, inténtelo, se le perderán esos cartuchos, dispare, dispare cuántas
veces quiera, hágalo con rabia, con dolor, porque duele, y usted no lo sentirá
como yo, porque usted no sabe disparar, apenas y conoce esas armas, apenas y
sabe que significan, cómo se toman, cómo se agarran a dos manos; entonces
aprenda, no le irá mal, no al final. Sienta el arma en sus dedos, esa conexión,
esa transformación que usted les puede dar, y lo distinto que puede ser el
matar con una bala así. Hiera. No mate. Use bien su cabeza, no es un sombrero,
póngale uno y empiece a sospechar si no se enoja, si todo le parece bueno,
si le sonríe a la injusticia, si sigue callado. Sospeche de todo, se ha
preguntado el porqué del arco iris, o acaso es común y normal ver ese arco de
colores inmenso en una cordillera, usted no escoge eso, usted lo que escoge es
poco, pero elija, es bueno saberse útil, que se está vivo, así sea mentira, hay
muchos que están muertos durante años, después cierran los ojos por siempre.
Señálese
de vez en cuando, dude de usted, de lo que dice, de las cosas que hace, estoy
totalmente convencido que puede ser mejor, y debería. Pinte unos colores
distintos, hágase una silueta del reflejo que proyecta; encontrará aristas que
jamás creyó ver en un espejo. Alargue sus manos y toque sus pies, inténtelo las
veces que necesite para lograrlo. Afine su voz, sólo tiene una, repítase
sílabas, dígase palabras que nadie le dice, de vez en cuando, una o dos veces
por semana, conózcase, recicle eso que quedó de usted, no son desperdicios, es
usted, son sus pedazos; analice de nuevas esas pestañas, esas pupilas,
concéntrese. Es usted ese que ve. Si no. Búsquese. Aprenda a palpar esas cejas
que ve, esa nariz respingona, ese cabello. Vaya y muestre todo lo que usted ya
conoce, venderá fácil y mejor. Eso sí, no se regale, que usted vale, sino,
pregúntese todo lo que ha tenido que soportar para tener los años que tiene,
pregúntese cuántas cosas han tenido que pasar los demás para que usted ahí,
viendo borrones en un espejo. Nada es gratis. Ni siquiera lo que escribo. Esto
me cuesta. Saberme tan humano, tan despiadadamente humano. Sentir celos, sentir
rabia. Sentir. Siento cómo usted se va, como se pierde. Vuelva. Aquí está
nuestro mundo, sólo hay que reinventarlo. Ponerle un vendaje. Mostrarle más y
mejores obras de teatro.
Me
gusta el sonido de la lluvia y el de las palabras en mi boca, en mis dedos.
Tomasso’ 22 Aprile 2013