lunes, 15 de agosto de 2011

Mezcla de presentes

Hoy como por diversidad me encuentro en una relación que no es relación, no sé lo que es; me atrevo a decir que es magnífica que es como la había esperado pero…no me llena del todo, es difícil que mi personalidad aprenda a encontrar cosas distintas de lo que siempre ha vivido, pero cuando lo hace tampoco le es fácil acomodarse a ellas. Me es difícil el cambio como a todos, claro está, siempre con las intenciones más firmes de dejarlo, de abandonarme al deleite de las cosas simples, del gozo de una realidad menos complicada y dejar que los cambios sean parte de esta vida rutinaria y así situarme en una especie de irrealidad propia, vivible, eso de cambiar…, tal vez no sea tan cierto pero se le debe dar el espacio al tiempo, al espacio, o esos otros espacios que no conozco y tanto bien me harían.

Escribo casi tres años adelante, después del inicio de la primera frase y al no recordar muy bien los tantos detalles que me invitaron a hacerlo, al menos reincorporo en este escrito alguna de las sensaciones de esos días. El miedo por ejemplo, los cambios que pensándolo bien son tan irrepetibles y tan inevitables; claro se pueden escoger, algunos hasta inventarlos de la nada, o darles matices parcialmente más vivaces o más apetecibles, pero al fin los cambios se dan solos, no más te despiertas un día y apareces con un miembro más largo, con un vello en alguna parte más largo o más oscuro, con otras cuántas neuronas destruidas por algún pensamiento inconcluso, o por el contrario con más células dentro y claro, llevando entre ellas una reproducción de la cuál ni te das cuenta. Tal vez, ahora que lo pienso con un poco más de tiempo entre manos, creo que muchos de los cambios de los que creo, sucedieron solos, pasaron por alguna de mis locuras, claro; justo en el momento en que nos sentimos menos locos, menos negligentes, nos vamos al extremo contrario donde por alguna razón digna de llamarse estúpida esquivamos todas aquellas razones que nos mueven a hacer las cosas bien, a marchar sobre los rieles de nuestras costumbres o a lograr aquellas cosas que siempre dicen, te hacen felíz. Yo, en palabras de otros, he desperdiciado algunos miles de minutos acostumbrándome a no acostumbrarme como dice Tomas Mann en su ‘Montaña Mágica’. No es de esperarse que diga que soy felíz o alguna mentira similar, pero al menos he tenido varios momentos de sosiego, de paz que si los cuento o si los recuerdo podría recuperar algunas imágenes que fuera de ser irrepetibles, son también incomparables, imágenes que me remontan a otros tiempos, que me recuerdan que yo también he sonreído con verdadero entusiasmo, que he querido desde dentro y he dado todo de mí algunas veces. La tristeza es una señora a la que no me place saludar, sus visitas son repentinas y me deja huecos deshabitados.
Ha cambiado mi bigote que ahora se antoja por ser visible, han cambiado mis brazos veces innumerables a veces flácidos a veces tan fuertes que asombran, ha cambiado mi cabeza o su cabello que en realidad me sabe dar tantos cambios que solo él. Ayer no más, al querer darle un matiz distinto noté que ya se estaba haciendo grande y que sus hijos allá en las puntas cada vez se hacen más rebeldes y no es por hablar mal de ellos, ahora mismo no se inclinan a revisar esto que digo, pero dudo que no lo hagan en pocos días. Mis manos tienen surcos que antes no se hacían tan evidentes, mis ojos son más claros, al parecer los rayos de sol si han logrado algo en mí.
Cambios tan invisibles como cualquiera que quisiese hacerse ciego, o tan inconstantes como los climas de estas tierras abandonadas a veces hasta por mí, tan insufribles como los despertares nocturnos y obligados de tantos que como yo no los evitan, si detrás de ellos están los sueños no desesperados, el anhelo libre y constante de ser mejores, de ser alguien, de dejar huella, de arrepentirse de las cosas no hechas un segundo y seguir sintiendo esas fuerzas arrolladoras de lograr tantos planes que rebullan y se revuelcan, como ahora en mi cabeza, que ahora sostiene unos cabellos oscuros, casi rubios , esos que un día serán grises. Puedo imaginarlos blancos y quiero recrear esa imagen con una sonrisa…
Tomasso’ Dicembre 2008 - 10/09/11

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