miércoles, 21 de diciembre de 2011

Quítate el vestido

Quítate el vestido, y los zapatos, también las medias, has todo lo que te pida y todo lo que quieras pedirme. ¿Descubriremos cada uno el cuerpo del otro? Andaremos juntos en esta senda de la sensualidad, caminaré yo por tus muchos oscuros pensamientos. Deslizaré mis manos por tus deseos, por tus miedos, por tus intencionados sentimientos. Quítate ahora ese impulso de empezar a correr, de cerrar los ojos y escapar, quítate esa ansiedad, ese temor por lo que nunca has visto; sueña una vez o dos, con la fantasía de la felicidad, con la aparatosa realidad del placer, con la insidiosa sensación de paz, de sobriedad, de estar satisfecho.
Quítate ese velo negro que no te deja ver más allá de lo que ves; arriésgate, nuestro punto de encuentro es un poco más allá, ya casi llegas. Y alístate el cabello, levanta la mirada, descúbrete los brazos, tu soledad, tu libertad, tu corazón. Lánzame una mirada de esas que me desnudan, quédate un poco más con ese mínimo de ropa que me seduce, ahora, arrójate a mis brazos, descúbreme en la oscuridad, silénciame otra vez con uno de esos besos que cortan mi respiración, mátame con un suspiro tuyo, ahógate en sudor, en ‘cuchilleos’, escribiré con besos sobre tu cuerpo y así llegaré a su centro a su núcleo, a su apoteósico final.
Ahora reelige tu pasado o tu futuro, búscate uno nuevo conmigo, acá estamos juntos, y mis manos sostienen las tuyas mientras te beso, mientras tu aroma de mujer se ha extendido en todo mi cuerpo. Ahórrate discursos de una mujer culta que siempre has sido, pero no hoy, hoy serás mi amante, compórtate como tal. Descubre el verdadero sentido de ésta noche, uno haciéndose parte del otro, quiero tomarte toda; también tu alma. Regálame tus mejores movimientos, tus peores intenciones, tus fantasías escondidas, dámelas a mí, sabré cuidar de estos secretos, sabré decirte cuánto me encanta.


Tomasso’ 31 Ottobre 2011

domingo, 4 de diciembre de 2011

Reinicio'

Había perdido su deseo de vivir y acaso así, intentó dejar de hacerlo. No le dio abrazos a nadie, tampoco lloró lágrimas, ni penas, ni desilusión; había vivido eso durante toda su vida, ahora le pesaban sus pies para caminar o para sostenerse de pie, así sus manos ahora gigantes, eran obsoletas, dos cosas que, habiendo usado durante tanto tiempo, ahora no sabía cómo hacerlas funcionar, eran dos enormes montañas delante de él, de esos ojos, que no sabían mirar, que se desperdiciaban en ese rostro ambiguo que ni él, pudo identificar. Y su cuerpo, ¿había podido observarse, mirarse en ese espejo un poco raído por el tiempo? No, y lo sabía antes de intentarlo, sabía que la realidad era distinta, que sus miedos estaban ahí, que sus fuerzas si existieron; no recordaba cuándo fue su última vez con ellas, con ese deseo que lo movía a pensar, a enfrentarse a los fantasmas creados por los contadores de mitos de su cerebro. Existió en él, algo que no recordaba y lo sabía por esos ojos que lo miraban, esos dos aros semitransparentes de los cuales parecía avergonzarse y es que como no hacerlo, si esas dos bolas lo miraban como desconocidas, como sin saber que miraban. Enfrascado ya en un hotel sin puertas de salida, tomó sus llaves y acabó también perdiéndolas, no quería entrar ni salir, parar ni continuar, no quería nada y al parecer solo el corazón y el cerebro funcionaban en ese cuerpo que sin odiar, ahora estaba repudiando.

Se disculpó con Dios, con la Naturaleza, con las cosas que habitaban su mundo y que parecían agradecerlo, pero también se arrepintió de hacerlo, de pensarlo, de persuadirse para no hacer, lo que la vida había decidido por él. Sonrió, dejó ver sus propios dientes, su rostro henchido por ese gozo que jamás conoció, despertó otra vez de un sueño en el que nunca estuvo, pero despertaba, sus ojos eras brillantes, dicientes, ¿Qué decían? Mantuvo su mirada fija en un espejo sin más que una madera vieja que lo sostenía, ahora que deseaba, adonde se fue el impulso de irse, de abandonarlo todo; ¿acaso eso había sido su vida, una sucesión de impulsos, de decisiones; miles de veces diciendo no, contestando si y ahora, volviendo a tomar la vida como si fuese un segundo eterno? Disipaba dudas, sus penas, cuales penas, sus desengaños, cuales desengaños; no recordaba nada. Sus miedos, parecía que abría una puerta que nunca vio, estaba escribiendo en un libro cerrado, destapando frascos vacíos, caminando sobre el agua; estaba perdido y lo sabía. Sabía de sus desilusiones, de sus traiciones, de sus largas noches frente a esa realidad que lo pateaba en la cara. Sabía que, durante años había sido otro, ajeno a él y ya con tantos años sobre sí, se dispuso a empezar…, más tarde, pudo dispararse…

//Desear estar más vivo y morirse, desear estar sano y empezar a descomponerse, desear amar y colisionar con perros, desear despertar y encontrarse solo…

Tomasso’ 28 Ottobre 2011