jueves, 25 de abril de 2013

Tentaciones


Hay tentaciones buenas, incluso necesarias. Ayer fui tentado. Era de noche, cómo ahora, pero sin luna, sin esa luna. Llovía. Muchos han sido los días en que esa lluvia se deja ver a través de mi ventana, pero esa noche no la veía, la sentía, caía sobre el techo, podía imaginarme la gota caer y rebotar, notarle esa pequeña vida que tienen siendo gotas, queriendo salir, conocer, transformarse en aire. Yo las sentí, se lo aseguro, y parecía un susurro que entre todas dejaban sonar, me dejé guiar por ese sonido, me llevaron a un bosque, lleno de higos, de helechos altos, de sombras, con claros de sol que se metían por las hendijas, por los rincones; lleno de humedad, de saciedad, de lejanía; estuve ahí, puede notarlo. Las imágenes son un poco borrosas, aparecen a través de un espejo empañado, a través de mi memoria rebelde, a través de mis palabras sueltas. Puede fijarse en lo que quiera, usted es quien lee. Caminé en círculo, y regresé a ese punto dónde caían las gotas, dónde estaba en mi cuarto, dónde la respiración no se siente, dónde los dedos son dedos y la luna sólo un asteroide deforme, regresé. Hay tentaciones hermosas, porque no nos dejamos llevar, estoy seco, no sé qué es la lluvia, no sé qué son las gotas. Tengo una sensación, quiero sentir la lluvia estando acompañado, sentir otra piel y no la mía. Quiero reconocer ese momento en sus ojos, en su memoria recordar el frío y la humedad.
Las gotas cayeron y no mojaron. Los sueños pasaron y no volvieron. La distancia está ahí y no se va. Las palabras hablan y no se callan. El silencio no habla y espera por ser escuchado. Las miradas no ven, pero esperan encontrarse. Los lugares no se mueven pero tus pies caminan. Las soledades existen y yo escribo por dos. Tus ojos están cerrados y yo no paro de sentirte.

Sólo las noches me guardan en sus oscuros momentos, sólo las sombras, sólo las figuras me transforman, los cuadros, esas fotos que la memoria inventa y guarda en un álbum que no se empolva, pero que nadie nunca ve. Los recuerdos, las imágenes, los sonidos, repeticiones instantáneas que quedan plasmadas en ninguna parte. Lo eterno no es lo que escribo, ni lo que digo, ni lo que veo. Lo eterno es lo muerto, todo ha muerto, los sonidos, las miradas, lo visto. Lo que recuerdo son esos cuerpos fósiles queriendo resucitarlos. Mis recuerdos son momias que quiero desenvolver, son hilos de la tela de una araña.



Tomasso’ Aprile 15 2013

sábado, 13 de abril de 2013

Lo que quiero


Quiero piano, quiero nieve, quiero violín, quiero cielo, quiero altura, quiero frío, quiero parque y gente en el parque, y distancias pequeñas, quiero chocolate antidepresión y para los diabéticos, quiero un lápiz que escriba sin errores para usted señor político o para el científico que quiere curar el HIV o el cáncer, quiero lugares que yo no sé, para que otros miles tampoco sepan, quiero música y silencio, silencio siendo música, quiero historias y contarlas, contar y vivir, quiero nadar en sueños y agarrar algún pez que me lleve más allá de lo humanamente soportable, quiero más ideales, la fuerza de David, la sonrisa del 'Chavo', quiero el cariño de los niños y sus abrazos, quiero lealtad.
Quiero iniciales por todos lados, iniciales de cuentos, de paz, de libertad, de niños felices. Quiero lo mismo que todos, sensatez, prudencia, no sabiduría…


Quiero aligerar mi lengua, usar las palabras, entregarles el poder para el arte abstracto y fantástico que quiero en mí, quiero lecciones de amor para saber amar, quiero cantinas sin licor. Quiero más ideales, más sueños, más fuerza para realizar todas las buenas cosas que mi mente invente o sueñe o crea haber querido. Quiero tanto un río transparente con peces gordos y gaviotas volando cerca, quiero vida dentro de esta que parece perdida, dentro de este mundo que parece haberse roto.


Quiero líneas de oscuridad en medio de tanta luz dilatada, quiero con sombras y tintes oscuros darle forma a tantos que quieren solo luz, solo iluminar, sin saber el cómo, ni el por qué hacerlo; quiero cambiar los matices, los cliché, quiero querer bien, querer desde adentro, con el corazón y el pensamiento. Quiero más canciones de cuna, y más acompañamiento familiar, quiero familias enteras, familias con secretos, chismes y risas propias, quiero países con intenciones claras para hacerse ricos, para hacerse poderosos: respetando, creyendo, cuidando, responsabilizándose, alimentando, empleando, necesitando, premiando, sonriendo y otros tantos verbos usados desde arriba con la gente, con la plebe, con los que se creen hijos únicos del país. Quiero más latinos en Latinoamérica y gringos y extranjeros en sus tierras, quiero más agua propia y menos dependencia (en todo el sentido estricto de la palabra).

Quiero cambiar siendo el mismo, por ejemplo ser más alto y bajar la luna por las noches, o ser más chico y pasar a través del canal de la mancha o del Suez sin ser visto, estar al otro lado del charco. Quiero tener más livianos mis zapatos y volar, yo no sé dónde viven las cigüeñas, ni las miles de mariposas que pululan por los parques. Ser negro para los negros y blanco para los blancos, un indio para los indios, hermano. Tener la confianza puesta en los animales, en las plantas, en la tierra.

Quiero seguir estando vivo, pero no cómo usted cree, sino cómo yo quiero.



Tomasso’ Settembre 09 2012

sábado, 6 de abril de 2013

Usted


Hoy le escribo a usted, pero no se asuste. Primero no debería hacerlo porque no le escribo a usted propiamente, sino a lo que me dice, a las sonrisas que se dibuja al hablarme y a todos esos gestos que le salen ahora; porque si a usted le escribiera tendría que decir que es hermosa, describir lo lindo de sus ojos, sus contornos, los miles de ángulos que se le forman y el cómo me pierdo descifrándolos uno a uno, o hablaría de gigantes al pensar en sus pupilas, no, no hablo de usted, sino; dijera que su cabello es electrizante, que me conmueve su movimiento, la forma como delinea sus pasos y esa manera mágica de alzar los hombros al bailar, diría que es magnífico cruzarse con sus manos en un juego complicado que nadie sabe ganar. No, hablo de lo otro, de eso que no logro ver pero siento, y se siente en el aire y en estas letras, en esas risas y las miradas. Intento confesarle algo que no sé qué es y espero que descifre. Usted está ahí, tan quieta, tan sorda, y así sé que me escucha, que está traspasando el papel y haciéndose una más en mi cuarto, la veo, ¿acaso no es usted la que me mira?

Me quito el sombrero (que no uso) ante aquellos que han logrado cortejarle y han logrado su cometido, usted no es fácil y ay si lo fuera, usted goza con la insensatez del hombre y con las bagatelas que le regalan. Usted es dichosa con sus vestidos y sus formas, con sus brazos desnudos bajo el sol.

No fue vano haberla conocido y dejo para usted las razones para no seguirlo haciendo. Regálese una conversación conmigo, disfrute de este pasaje que tiene ahora, no perderá nada si le ayudo a pasear, si le muestro esas casas que usted no conoce, o esos caminos que no han pisado sus zapatos; pero no sea una vasija vacía llena de aire, no me regale la posibilidad de mirarla, míreme.

Ahora, recuerde que la vida no se vive con detalles, ésta está llena de sensaciones y de novedades pero no son todas para usted y en la mayoría de los casos habrá de tomar una decisión donde algo cómo siempre estará en juego. Juegue. Gana siempre. Hay juegos que se piensan, aprenda de esos. Ría, disfrute, apueste, corra, salte, anímese a perder –es un juego y nunca se pierde. Sé jugar rayuela y al final siempre me quedo en la última casilla, entonces descubro que no sé jugar y vuelvo a empezar. Aprenda bien, libérese de usted, note que se tiene abrazada y necesita brazos libres para caminar, para jugar. Juegue y enséñeme a perder.



Tomasso’ 18 Marzo 2013