Mi
época. Esto que escribo hoy, lo hago para no olvidarlo mañana y para cambiarlo,
claro.
Aclaro
que lo que se refiere más adelante no lo viví yo, al menos no todavía y puede
que no llegue a vivirlo, eso sí se puede escapar del camino que ya tienes
trazado para recorrer.
Yo
no he sido un buen hombre, durante muchos años he venido robándole a otros como
yo (no ladrones) que se pasan los días viviéndolos al son del reloj, esperando
siempre que les trae el día y no lo contrario, haciendo algo por el día, o
mejor por ellos en esas 24 horas. Viví como otros, que dicen nunca haber
conocido la pobreza y que por eso desconocen virtudes que solo se adquieren en
la miseria o en alguna cosa parecida. Pasé así una niñez escasamente compartida
con pocos niños de los cuales ahora no sé nada, o si, sé que no hacen parte de
la cúpula militar, tampoco son políticos y menos son futbolistas, algo serán,
porque cuando uno es algo nunca deja de ser y ellos yo los conocí, fueron niños
felices y puedo decir que totalmente. Anduve por ahí no perdido como toda la
gente piensa y eso que ya empezamos a mentirnos diciendo que piensan, porque lo
que hacen escasamente es siendo snobs, repetir palabras y pensamientos de otro,
en voz alta, algún otro que no nació para ser social, no nació para ayudar,
resumiendo no nació para ser hombre, pero como digo algo tendría que ser…, los niños
a veces supervalorados verbalmente, pero en realidad subvalorados la gran
mayoría del tiempo y qué decir de mis amigos, porque no vayamos a mentir otra
vez, amigos esos de la infancia, que se ensuciaban contigo, que corrían a
buscarte si te daba por esconderte, hay de ellos y de sus largas búsquedas y
preocupaciones si en realidad te perdías; esos son los amigos, aunque claro
crecerán, crecerán y crecerán y luego cuando la altura no les da para mirar las
cosas igual, para satisfacer sus gustos, empiezan la melancolía, la ironía, la
tristeza, la insatisfacción y todos esos estados corrosivos que solo les
enseñan esos ojos de “adulto” –palabra entre comillas por si alguno no lo es,
aunque lo crea-. Todos armados de valor interiormente, claro; y no hay uno
mejor, ni mejor barrera, ni mejor amigo que el que te regala ametralladoras
llenas de palabras sinceras, o de abrazos verdaderos. Yo crecí, veo la vida
pasar y a esta altura aun siendo distinta, extraño a los verdaderos amigos que
eran niños como yo, corriendo como gigantes, sonriendo como los abuelos, y
llorando como nuestras madres, esos amigos que alguna vez no sentían pudor, ni
reconocían razas y mucho menos algún genero por normal o anormal que sea, por
imaginario o real que sean las diferencias, amigos como esos, ya no hay o tal
vez, los tienen mi hermano menor o los tendrán mis hijos. Yo agotaré mis metas
porque sé que las ramas de éstas son muchísimas, reescribiré mis deseos e
intentaré hacer niños con mis acciones, o hacerlos reír, soñar y ser felices
que en realidad es lo mismo.
Tomasso’ Febbraio-Marzo 2012