Había perdido su deseo de vivir y acaso así, intentó dejar de hacerlo. No le dio abrazos a nadie, tampoco lloró lágrimas, ni penas, ni desilusión; había vivido eso durante toda su vida, ahora le pesaban sus pies para caminar o para sostenerse de pie, así sus manos ahora gigantes, eran obsoletas, dos cosas que, habiendo usado durante tanto tiempo, ahora no sabía cómo hacerlas funcionar, eran dos enormes montañas delante de él, de esos ojos, que no sabían mirar, que se desperdiciaban en ese rostro ambiguo que ni él, pudo identificar. Y su cuerpo, ¿había podido observarse, mirarse en ese espejo un poco raído por el tiempo? No, y lo sabía antes de intentarlo, sabía que la realidad era distinta, que sus miedos estaban ahí, que sus fuerzas si existieron; no recordaba cuándo fue su última vez con ellas, con ese deseo que lo movía a pensar, a enfrentarse a los fantasmas creados por los contadores de mitos de su cerebro. Existió en él, algo que no recordaba y lo sabía por esos ojos que lo miraban, esos dos aros semitransparentes de los cuales parecía avergonzarse y es que como no hacerlo, si esas dos bolas lo miraban como desconocidas, como sin saber que miraban. Enfrascado ya en un hotel sin puertas de salida, tomó sus llaves y acabó también perdiéndolas, no quería entrar ni salir, parar ni continuar, no quería nada y al parecer solo el corazón y el cerebro funcionaban en ese cuerpo que sin odiar, ahora estaba repudiando.
Se disculpó con Dios, con la Naturaleza, con las cosas que habitaban su mundo y que parecían agradecerlo, pero también se arrepintió de hacerlo, de pensarlo, de persuadirse para no hacer, lo que la vida había decidido por él. Sonrió, dejó ver sus propios dientes, su rostro henchido por ese gozo que jamás conoció, despertó otra vez de un sueño en el que nunca estuvo, pero despertaba, sus ojos eras brillantes, dicientes, ¿Qué decían? Mantuvo su mirada fija en un espejo sin más que una madera vieja que lo sostenía, ahora que deseaba, adonde se fue el impulso de irse, de abandonarlo todo; ¿acaso eso había sido su vida, una sucesión de impulsos, de decisiones; miles de veces diciendo no, contestando si y ahora, volviendo a tomar la vida como si fuese un segundo eterno? Disipaba dudas, sus penas, cuales penas, sus desengaños, cuales desengaños; no recordaba nada. Sus miedos, parecía que abría una puerta que nunca vio, estaba escribiendo en un libro cerrado, destapando frascos vacíos, caminando sobre el agua; estaba perdido y lo sabía. Sabía de sus desilusiones, de sus traiciones, de sus largas noches frente a esa realidad que lo pateaba en la cara. Sabía que, durante años había sido otro, ajeno a él y ya con tantos años sobre sí, se dispuso a empezar…, más tarde, pudo dispararse…
//Desear estar más vivo y morirse, desear estar sano y empezar a descomponerse, desear amar y colisionar con perros, desear despertar y encontrarse solo…
Tomasso’ 28 Ottobre 2011
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