viernes, 19 de octubre de 2012

Escritor de sueños


"Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos." Pablo Neruda (Fragmento poema 14)


Escritor de sueños

Este sueño lo inicié buscándote, ese es mi primer recuerdo, pero sé que algo pasó antes, pudo ser que te hayas vuelto loca por verme o que me hayas vuelto la cara, solo para no cruzarte con mis ojos, incluso pudo pasar que no nos habíamos conocido y que mi recuerdo es solo la magnificación inconsciente de eso que pudo haber sido, no fue, pero quiero que pase.
Otra puerta que cruzaba, ya son miles, y seguiré con esa ardua labor, las puertas son para cruzarlas. Había un pasillo y poca gente o mucha, pero mis ojos veían solo paredes, piso, un techo blando y mis pies, pisando abajo, alejados del techo y tratando de esquivar las paredes. No tenía un rumbo, pero si una meta y esa eran tus brazos y mientras caminaba pensaba en ese abrazo y en tu rostro, subí escaleras, y llegué a otro pasillo y allí estaba el lugar de muchos encuentros, la biblioteca, como todos los días, o como todas las veces que la miro, concurrida por la misma gente, aprovechada por los mismos pocos, desconocida para la mayoría; esperé al frente pero sin mirar, solo esperando y como en los sueños los tiempos y las distancias se acortan, apareciste cuando miré hacia abajo, venías deprisa, una camisa color salmón que se adhería a tu cuerpo, a tus senos, a tu cintura, a tu espalda, delgada, eso ayudaba a mi imaginación, sigo pensando que era un buen día en una buena noche de sueño, tenías cabello negro, medio largo, y unos ojos grandes, café pero grandes (pocas veces veo ojos de este color tan grandes como los tuyos) alcancé a saludarte desde lejos, sé que te impresionaste, alcanzaste a dudar, no sabías que me buscabas, pero lo hacías, pasaste una columna más, unos segundos sin vernos y luego el abrazo, insospechado, recordatorio para mí, de que las cosas si se repiten aunque sea en los sueños, recordé en esos segundos, con ese abrazo, otros muchos que antes me diste, otros muchos que había soñado, calidez y ternura, sonrisas, gestos, miradas, sensaciones, sin palabras, siempre sin palabras y gozosos. Así terminaba ese sueño, con un gran abrazo interminable, aun lo siento, después una mirada, una sonrisa de reconocimiento, y otro abrazo fuerte. Me decías que me quedara con tus ojos y, los míos, pedían que no me dejaras.

Pude comprobar al despertar que efectivamente no me quedé, y efectivamente no me dejaste; te dejé queriendo quedarme.


Tomasso’ 25 Settembre 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario