"Mis palabras llovieron sobre ti
acariciándote.
Amé desde hace tiempo tu cuerpo de
nácar soleado.
Hasta te creo dueña del universo.
Te traeré de las montañas flores
alegres, copihues,
avellanas oscuras, y cestas silvestres
de besos.
Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los
cerezos." Pablo Neruda (Fragmento
poema 14)
Escritor
de sueños
Este sueño lo inicié buscándote, ese
es mi primer recuerdo, pero sé que algo pasó antes, pudo ser que te hayas
vuelto loca por verme o que me hayas vuelto la cara, solo para no cruzarte con mis ojos, incluso pudo pasar
que no nos habíamos conocido y que mi recuerdo es solo la magnificación
inconsciente de eso que pudo haber sido, no fue, pero quiero que pase.
Otra puerta que cruzaba, ya son miles,
y seguiré con esa ardua labor, las puertas son para cruzarlas. Había un pasillo
y poca gente o mucha, pero mis ojos veían solo paredes, piso, un techo blando y
mis pies, pisando abajo, alejados del techo y tratando de esquivar las paredes.
No tenía un rumbo, pero si una meta y esa eran tus brazos y mientras caminaba
pensaba en ese abrazo y en tu rostro, subí escaleras, y llegué a otro pasillo y
allí estaba el lugar de muchos encuentros, la biblioteca, como todos los días,
o como todas las veces que la miro, concurrida por la misma gente, aprovechada
por los mismos pocos, desconocida para la mayoría; esperé al frente pero sin
mirar, solo esperando y como en los sueños los tiempos y las distancias se
acortan, apareciste cuando miré hacia abajo, venías deprisa, una camisa color
salmón que se adhería a tu cuerpo, a tus senos, a tu cintura, a tu espalda,
delgada, eso ayudaba a mi imaginación, sigo pensando que era un buen día en una
buena noche de sueño, tenías cabello negro, medio largo, y unos ojos grandes,
café pero grandes (pocas veces veo ojos de este color tan grandes como los
tuyos) alcancé a saludarte desde lejos, sé que te impresionaste, alcanzaste a
dudar, no sabías que me buscabas, pero lo hacías, pasaste una columna más, unos
segundos sin vernos y luego el abrazo, insospechado, recordatorio para mí, de
que las cosas si se repiten aunque sea en los sueños, recordé en esos segundos,
con ese abrazo, otros muchos que antes me diste, otros muchos que había soñado,
calidez y ternura, sonrisas, gestos, miradas, sensaciones, sin palabras,
siempre sin palabras y gozosos. Así terminaba ese sueño, con un gran abrazo
interminable, aun lo siento, después una mirada, una sonrisa de reconocimiento,
y otro abrazo fuerte. Me decías que me quedara con tus ojos y, los míos, pedían que
no me dejaras.
Pude comprobar al despertar que
efectivamente no me quedé, y efectivamente no me dejaste; te dejé queriendo
quedarme.
Tomasso’
25 Settembre 2012
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