Quiero conocerte.
Y conocer no es saber lo que sé
de ti.
Tampoco es lo mucho o lo poco que
me han dicho o puedan decirme.
Tampoco es distinguir entre lo
que eres y lo que son los demás, aunque de pronto, eso se asemeja un poco a lo
quiero, conocerte.
Quiero saber como piensas.
Y eso que quiero no es saber como
haces para no dormirte a las 10 de la noche.
Tampoco quiero que me digas como
le haces para despertar después del medio día.
No quiero saber si tus
pensamientos son buenos o malos, perversos, malévolos o angelicales.
Lo único que quiero es conocerte
y saber lo que miras, no importa que no sepa ni entienda todo lo que digas,
pero, me gustaría saber lo que callas, así no mires, así no cantes, así no
rías, así no estés, pero sabría lo que ves cuando enmudeces y mueves las manos
sin desdén. Me gustaría tanto saber lo que sabes de mí.
Mirarte más, tenerte cerca,
aliviarte los ojos con los míos, releerte mis mejores escritos, saber lo que
disfrutas (conmigo) y lo que no disfrutas (sin mí), ladear mi cabeza los grados
necesarios para que encuentres mis labios. Sostener tus cabellos, ser tu veleta
y no por estar ahí sino por conocerte.
Se puede conocer a un cuerpo,
saberse su olor, sus movimientos, sus múltiples contorsiones y todos sus
colores, incluso saberle los ángulos, las líneas, los semicírculos y sus
escasos cuadrados, ir allí donde las formas se pierden y los colores traspasan
los conocidos. Puedo verlo todo, cuántas veces quiero cuántas veces lo intento;
pero, lo que busco y quizá pueda generalizar diciendo que el hombre no busca
eso, se ve más allá de una materia inerte que tiene un ente planificador. No
conozco mentes, ni dementes y quiero.
Muéstrame como maquillas tus
pensamientos, los colores que le pones a tus pupilas antes de despertar en las
mañanas, dime como inventas las distancias o como las desapareces. Consiente
mis te quiero, dales forma, has que puedas escucharlos y sentirlos.
Tomasso’ 8 Dicembre
2012
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