Hoy le escribo a usted, pero no
se asuste. Primero no debería hacerlo porque no le escribo a usted propiamente,
sino a lo que me dice, a las sonrisas que se dibuja al hablarme y a todos esos
gestos que le salen ahora; porque si a usted le escribiera tendría que decir
que es hermosa, describir lo lindo de sus ojos, sus contornos, los miles de
ángulos que se le forman y el cómo me pierdo descifrándolos uno a uno, o
hablaría de gigantes al pensar en sus pupilas, no, no hablo de usted, sino;
dijera que su cabello es electrizante, que me conmueve su movimiento, la forma
como delinea sus pasos y esa manera mágica de alzar los hombros al bailar,
diría que es magnífico cruzarse con sus manos en un juego complicado que nadie
sabe ganar. No, hablo de lo otro, de eso que no logro ver pero siento, y se
siente en el aire y en estas letras, en esas risas y las miradas. Intento
confesarle algo que no sé qué es y espero que descifre. Usted está ahí, tan
quieta, tan sorda, y así sé que me escucha, que está traspasando el papel y
haciéndose una más en mi cuarto, la veo, ¿acaso no es usted la que me mira?
Me quito el sombrero (que no uso)
ante aquellos que han logrado cortejarle y han logrado su cometido, usted no es
fácil y ay si lo fuera, usted goza con la insensatez del hombre y con las
bagatelas que le regalan. Usted es dichosa con sus vestidos y sus formas, con
sus brazos desnudos bajo el sol.
No fue vano haberla conocido y
dejo para usted las razones para no seguirlo haciendo. Regálese una
conversación conmigo, disfrute de este pasaje que tiene ahora, no perderá nada
si le ayudo a pasear, si le muestro esas casas que usted no conoce, o esos
caminos que no han pisado sus zapatos; pero no sea una vasija vacía llena de
aire, no me regale la posibilidad de mirarla, míreme.
Ahora, recuerde que la vida no se
vive con detalles, ésta está llena de sensaciones y de novedades pero no son
todas para usted y en la mayoría de los casos habrá de tomar una decisión donde
algo cómo siempre estará en juego. Juegue. Gana siempre. Hay juegos que se
piensan, aprenda de esos. Ría, disfrute, apueste, corra, salte, anímese a
perder –es un juego y nunca se pierde. Sé jugar rayuela y al final siempre me
quedo en la última casilla, entonces descubro que no sé jugar y vuelvo a
empezar. Aprenda bien, libérese de usted, note que se tiene abrazada y necesita
brazos libres para caminar, para jugar. Juegue y enséñeme a perder.
Tomasso’ 18 Marzo 2013
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