Tanta labilidad emocional, tanta simpatía, tanto deseo de serle fiel a la raza humana. La palidez rodeando tu cara haciendo surcos en tus mejillas…, la sonrisa desdibujada en tu rostro, tus dientes todos mostrándose, ayudando a mostrarle simpatía a ese que destruye tu hábitat, a ese que te encaja el humo de sus cigarrillos en tus ropas, en tu piel, en todo tu cuerpo. Tus dedos marchitados de tanto tocar, de tanto pensar antes de lanzarse a conocer el mundo, están ahora pasivos, silenciosos, estrechando manos, enmarcando adioses, disimilando pérdidas, iniciándose en soledades. Duermes, descansas, deambulan tus pensamientos en tu cerebro; los sentimientos se olvidan, de derrumban, se visten de invisibles. Ahorcas tu soledad, le escribes a las personas que dicen no conocerla, les pides ayuda y tu orgullo hace que todo sea aun más difícil que de costumbre. Nadie está allí contigo, nadie te ha dado la mano para desplegar estas letras o para pensar que eso de lo que hablas no existe. Si, estás solo, eso no quiere decir que debas sentirte abatido, desdichado; me dijeron que así te conoces, así aprendes a vivir y a pensar como homo sapiens un poco más rápidamente que los demás. Me han dicho que si aprendes a vivir en soledad, puede ser, que nunca estarás solo, puede ser que te busquen los alienados, puede ser que te busquen los que no conocen esa sensación de escuchar únicamente el latir del corazón, puede ser que caminas hacia una realidad distinta, pero que visitas solo de vez en mes…, puede ser que la soledad es tu mejor compañía, que esa sensación de poder, de serenidad, de paciencia solo la experimenten los que vivieron solos, los que saben apartarse del mundo y crearse ese espacio necesario para soñar, para pensar, para definir las distintas maneras de salvarse y ‘arreglar’ el mundo.
Cuanto romanticismo desperdiciado. Yo ideando una casa en la cima de un árbol y tú caminando hacia la escuela. Investigando el deambular de las hormigas, el inconstante tropezar de las babosas y yo aquí perdiéndome en el mundo, ahogándome en él; incomunicaciones como la nuestra, como este sinsabor que me dejas en los labios, tratamos de evitar los silencios, enmudecemos, solo se escucha el sonar de las caricias, la intemporalidad de las miradas. Despiertas pidiendo a gritos una palabra, te responden mis piernas tibias, mi mirada extraña, mis brazos pesados, el tic tac de tu reloj de pared. Otra vez somos presas del silencio, de esa realidad que consumimos, hartos de tanto arriesgar por un mañana al que aun no nos acostumbramos, por un futuro que nunca vemos. Escribiendo en días como éste, haciéndolo opaco, gris, arrugado, quitándole sus colores, haciendo de la noche la mejor ausencia, la mejor casa de los fantasmas. Lanzando en la oscuridad lagrimas por los aires, alientos a los suelos, ese calor de los cuerpos hacia las estrellas; intentando recuperar el día, soñando con esa claridad que antes existía, que el mismo que conociste ha olvidado, ha enmudecido, lo ha marchitado. Los días, eran muchos, ¿a dónde fueron? Que dijeron antes de irse, no fui yo quien los echó, vi como lo insultaban con bombas, metrallas y todo tipo de artesanía armamentista, como lo olvidaban con la idolatría hacia otros reyes, hacia otras luces; lo abatieron en combate, se defendió con brisas, tormentas, deslizamientos, huracanes, sismos, no lo sintieron…ahora desaparece. No veo nada, no siento nada y eso que la guerra es allá en otro país, en otro continente, a muchísimos kilómetros de distancia; eso que el que llora no es mi hermano, ni mi hijo, eso que quienes murieron no son ‘nada para mí’. Eso que yo soy humano…, un pensador. Un historiador que hace las veces de un histrión, de marioneta. Circense abandonando su espectáculo, sus consecuencias…su trabajo dando resultados; niños mutilados sonriendo, soldados sin pies jugando al fútbol, madres sin hijos abrazando niños. Ellos los de arriba dibujando su figura en el espejo para hacerle luego la corona, limarse los cachos, quitarse la capa, los olores y hacerse un espacio en la política.
¿Y nosotros? Sigamos jugando con camellos en el mar, volvamos a esa ignorancia escogida, a esa telepatía insensible, a esa arrogancia continua, a esa insensatez, a esa poca condescendencia; algunos quieren evolución…ya parecen animales.
Tomasso’ 4 di Settembre 2011
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