Aprovecharé sus ojos negros, grandes como el sol, aprovecharé sus palabras y su sonrisa. Usaré todo como ladrón de sentimientos y de espacio, abarcaré un poco más de días y realizaré las piruetas acostumbradas, derribaré esa barrera que ahí se ve, al otro lado del espejo. Reeditaré las tácticas del amor, esas palabritas mágicas que tantos han querido encontrar para no hallarse nunca entreverados en las penas y/o consecuencias de lo que llaman amor.
Tal vez no esté de más auto-advertirme acerca de lo mucho que debo vigilar mis propios pasos y mis pensamientos. Las mieles del amor se hicieron para personas soñadoras, triunfantes dentro, sin miedo de ser grandes, de ser los protagonistas de sus vidas, y yo, con tan pocos años deseo enormemente abandonar mi papel histriónico y lanzarme al estrellato de mi novela, de mis actuaciones, quiero ser yo todo eso que he soñado ser, pero que aun temo dejar ver.
Ella, como siempre arrinconada en sus tantas cosas por hacer, en su constancia, en su forma romántica de endulzar las palabras, cobijada de tantas palabras de miel y alguna que otra rosa adornando sus cabellos, porque disimula si siente placer en algún momento, porque enfunda la espada de su amor; porque limita un poco sus sonrisas cuando sospecha de alguien que las roba a la primer oportunidad. Ilusiones hay por montones, al menos eso piensan, ya casi se me están muriendo las mías y creo firmemente que a eso es a lo que se le llama ser joven, ser capaz de añorar, de ilusionarse, de lanzarse en busca de un ideal, de fracasar con un sueño y sin abandonarlo estando ya en el camino de la ejecución de otro. Juventud, apenas ahora sé que estoy en ella, que la uso a diario, que me aferro a esas cosas, a ese carácter que no estando seguro, desaparecerán en unos años más.
Buscando excusas para escribir he encontrado una casi genial, sus miradas ocasionales, sus sonrisas dulcemente expresivas; la idea de volverla a ver. Esas excusas agradan, por hoy que nada importa, por hoy que la eternidad se fusiona con lo demás, hoy que el recuerdo es una más de las farolas de mi cuarto. Dos han sido las veces que le he visto, que le dije cuanto me agrada hablarle y su olor, claro, espero que también tenga conocimiento del lenguaje visual. Le enseñaré aquello del poder de las miradas, ella lo entenderá, tiene ojos hermosos como para no hacerlo.
No es la mejor etapa de mi vida, lejos está alguna de serlo, pero todavía se aparecen personas excepcionales en ella; quiero creer que lo hacen para enseñarme algo, para compartirse conmigo alguna cantidad de tiempo. Ella ha empezado a hacerlo y mi adicción también ha comenzado.
Describo mis sentimientos como hablando de un paisaje o como leyendo un libro de expresiones corporales; aun no se lo he contado, lo que sentí, ni lo que pensé. Sé que justo ahora lo está leyendo en esta página.
Tomasso’ 22 di Agosto 2011
Tomasso’ 22 di Agosto 2011
No hay comentarios:
Publicar un comentario