domingo, 29 de abril de 2012

El porque del por qué


Leía un libro escrito por uno de sus profesores, un colombiano más en el cual tampoco depositaba toda su confianza, aun así, en esas pocas líneas que llevaba, pudo encontrar unas cuantas frases que resumían todo eso que estuvo rumiando durante varios meses, que al amor no se le puede encarcelar, que cada uno tiene una individualidad constante y al mismo tiempo inconstante, pero única siempre. Así comprendí que debía dejarte libre, un poco más libre de lo que hasta ahora, porque te estuve persiguiendo, deseando que fueras mía, solo mía, sin respetar tus libres ausencias, tus no razonables despedidas, ahora te comprendo y te digo adiós unas cinco o veinte veces por día; a veces y lo hago sin darme cuenta, estás más lejos que cerca y un número de veces mayor que el que uno podría imaginarse.
También, pero eso lo descubrí un tiempo después, supe que las distancias hay que vivirlas pero que siempre hay que intentar reducirles un poco los kilómetros, uno está por ahí tratando de alivianar cargas y deseando siempre estar agradable a los demás, siempre tratando, incluso de ser otro, de no mostrar rencores, ni asperezas a los otros, de sonreír aun siendo lo mínimo. Se está siempre tan quieto, en este lugar. Pude alcanzarte desde acá, saberte más cerca, pero no quise, era mejor persuadirme y decidirme a abandonarte a recibir a hondonadas tus reproches y alimentar mi despedida desde ahí, desde tus rencores que parecían eso, pero no lo eran, según tu, me querías así, me amabas hace mucho, y yo, sabiéndolo aproveché para no quererte para irme atravesando los años en mi pecho y con base a eso, alimentar un odio extraño hacia lo que vivimos, hacia tus miradas cuando no me veías, hacia las voces de la gente cuando hablaba  de ti, hacia tus pasos cuando estabas en tu cama, hacia tus sonrisas cuando te brillaba la luz en un rostro oscuro y con poca alegría, alimenté mis ganas de ser libre, de buscar otra perfección distinta a la tuya, es que es tan difícil moverte un poquito de ti misma, acomodarte unas cuantas palabras o darte un libreto para que actúes como él, o como ella. No te amo, pero te amo y tal vez por eso te odio, de la misma manera que puedo odiarme a mí mismo por decirlo, y aun así lo digo.
Al principio te idolatraba y fui descubriendo quien eres, y no es que seas mala o que tengas algo reprochable, lo que sí, es que no quiero que vivamos estas cosas de nuevo, no quiero mirarme de nuevo así, ni escuchar otra vez esto que digo, ni olvidar la alegría de este modo, es solo eso, no es nada contra ti, es más, te quiero; pero repetir días o noches como esta, no quiero y sé, se repetirán, no sabes hablar, y yo así me limito a simular ser mudo, no sabes expresarte y mis hábiles cualidades de marioneta se ven alimentadas ahí. Quietismo laico, ataraxia moderada, atenta desatención. Glielo dico io!                  

                               Tomasso’ 24 Dicembre 2011

No hay comentarios:

Publicar un comentario