¿Que
hubiera podido hacer yo? La buscaba todas las veces que miraba a través del
mismo cristal, y no lograba que estuviese posada en la misma ventana, eso
quería y eso quiero, pero a veces pasaba una o dos horas esperando su salida,
para terminar por convencerme de que ese día, justo a esas horas decidió salir,
o decidió definitivamente no entrar, no acompañarme a ese lugar de pensamientos
truncos, no seguir construyendo un puente sobre imaginarios caminos.
No
la veía a diario, tampoco hacía parte de mis estudiantes de curso y menos una
de mis colegas, solo era una vecina más, o tal vez la única; siempre mis ojos,
siempre mirar en esa dirección. A veces (unas pocas) tengo el recuerdo de
haberla visto mirándome, son recuerdos bonitos, sus pupilas brillaban o el invento
que yo hacía de sus ojos. Y mis mañanas pasaban como todas las anteriores,
secas, sin nada novedoso que contarle a mis zapatos o algo que ellos quisieran
alcanzar y contarme a mí, eran días fríos, sin ella y llenos de sonrisas cuando
aparecía. Parecía despertar con cosquillas pues cuando la veía, esas pocas
veces sostenía en sus labios una sonrisa duradera y una mirada que si no era
hacia mí era hacia algo en mi ventana, o algo aquí adentro que no logro
identificar aun.
Yo
me sentaba, después de verla, a dibujar esa carita tierna que miraba a través
de un cristal, no pintaba un edén y luego ponía su rostro en él, no, era un
poco más natural, tratando de hacer mía la imagen y por medio de eso, hacer que
la mirada y los ojos y la sonrisa fueran haciendo parte de mi ventana, de mis
ojos y mi cuarto entero, tratar de transportarla de tenerla junto a mí unos
minutos, como ahora que la escribo y siento dibujarla al lado mío, sentada en
mi cama, viendo como le hablo y la escribo, viendo mi poco talento a la hora de
describirla y eso que siento que sabe más de mí que eso que una vez pensé. Ella, muy dentro de sí, piensa en mí, en las
noches o en las tardes cuando llega de clase, lo hace al abrir esa ventana, cuando
permite que entre en su cuarto como tantas veces entra en el mío, sé eso por su
mirada.
Hoy
espero encontrarla en la ventana cuando entre en mi casa, cuando quiera empezar
los planes de dormirme, hoy quiero su compañía y no quiero solo imaginarla, hoy
quiero que conozca mi puerta, enseñarle a abrir el cerrojo, que conozca mis
almohadas, hoy quiero que sea ella la que escriba y sea ella la que diga cómo
me mira. Hoy quiero estar con ella sentirla ahí y que me mire desde mi ventana.
No pretendo encerrarla en mi cuarto, pero sí que viva dentro, no quiero
mostrarle mi corazón y que vea como late, no, lo que quiero es dárselo que lo
sienta suyo y que sabiendo mi dependencia me permita vivir a su lado.
Tomaso’ 20 Settembre 2012
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