sábado, 16 de marzo de 2013

Otro día común


Digamos que va por un túnel, uno cualquiera, el de la 26 o el de la 52, para mí los de mayor referencia, de pronto se encuentra un perro, de esos negros, tamaño mediano, ojos brillantes en ese lugar que aunque en ese momento no lo note, está siendo más oscuro que en sus extremos; y usted siente miedo, no esa cosa que imagina cuando ve una película, o cuando le cuentan una historia o chisme de miedo, no, miedo real, el que siente cuando todas las opciones llevan al mismo acto que intenta evitar, o cuando no encuentra opciones para lograr ese cometido, pasan unos segundos y alcanza a imaginarse todo, desde esa primera imagen, donde alza el pie derecho y logra avanzar, luego levanta el izquierdo y avanza aun más, realiza el mismo movimiento a mayor frecuencia y después siente que todo pasa en cámara lenta, que el perro lo mira y la distancia se acorta, que se hace más grande, que muestra sus dientes. También imagina como camina, ve el animal y sigue caminando, ahí termina la historia.

Un día como cualquiera almuerza a las 12:40 pm porque su tía se demoró, a la 1:00 pm porque apenas alcanza a leer el tema para el parcial de anatomía, tema del cual nunca supo nada, pero por lo cual, acaba de señalar la palabra nunca y la tacha en el diccionario Salvat; toma sus bolígrafos, su cuaderno, su discreto morral que podría albergar 20 kg con holgura y se dirige hacia la universidad, pudo descansar, dormitar sus pensamientos, recrear otro sentido en las imágenes que pasan al vaivén de la velocidad del autobús, pero, se reclina en una de sus manos discretamente levantadas y lo único que alcanza a imaginar es el perro haciéndole el examen, allí ladrando palabras y usted apenas lo entiende, apenas sabe que hará un examen, que le costará unas décimas el no estudio de la noche anterior, que le revalidará sus ideas acerca de la intemporalidad de la vida, y del tiempo que se pierde en los sueños.
Inicia el descenso, el despertar afuera en las calles de una ciudad informe que poco a poco estuvo tragándose sus deseos o su pericia, o las dos cosas y se arriesga a bajar a revivir en el mundo, su mundo, a reeditar sus ideas y a revalidar lo que hizo el día anterior, y el anterior a ese y los otros días atrás.
Elimina la sensación de estar soñando, intenta disipar esa realidad y empieza por descubrir que es de día, que es una mañana soleada y que la edificación de su centro educativo es antigua y le brinda sabiduría hasta en el reflejo de sus ventanales, así usted decide que reinventará su pasado, como antes, pero esta vez, desde el futuro que ha soñado ayudándose del presente que tiene ahora en sus manos.

Inicia su vida.


Tomasso’ 18 Ottobre 2012

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