Digamos que va por un túnel, uno cualquiera, el de la 26
o el de la 52, para mí los de mayor referencia, de pronto se encuentra un
perro, de esos negros, tamaño mediano, ojos brillantes en ese lugar que aunque
en ese momento no lo note, está siendo más oscuro que en sus extremos; y usted
siente miedo, no esa cosa que imagina cuando ve una película, o cuando le
cuentan una historia o chisme de miedo, no, miedo real, el que siente cuando todas
las opciones llevan al mismo acto que intenta evitar, o cuando no encuentra
opciones para lograr ese cometido, pasan unos segundos y alcanza a imaginarse
todo, desde esa primera imagen, donde alza el pie derecho y logra avanzar,
luego levanta el izquierdo y avanza aun más, realiza el mismo movimiento a
mayor frecuencia y después siente que todo pasa en cámara lenta, que el perro
lo mira y la distancia se acorta, que se hace más grande, que muestra sus
dientes. También imagina como camina, ve el animal y sigue caminando, ahí
termina la historia.
Un día como cualquiera almuerza a las 12:40 pm porque su
tía se demoró, a la 1:00 pm porque apenas alcanza a leer el tema para el
parcial de anatomía, tema del cual nunca supo nada, pero por lo cual, acaba de
señalar la palabra nunca y la tacha en el diccionario Salvat; toma sus bolígrafos, su cuaderno, su discreto morral que
podría albergar 20 kg con holgura y se dirige hacia la universidad, pudo
descansar, dormitar sus pensamientos, recrear otro sentido en las imágenes que
pasan al vaivén de la velocidad del autobús, pero, se reclina en una de sus
manos discretamente levantadas y lo único que alcanza a imaginar es el perro
haciéndole el examen, allí ladrando palabras y usted apenas lo entiende, apenas
sabe que hará un examen, que le costará unas décimas el no estudio de la noche
anterior, que le revalidará sus ideas acerca de la intemporalidad de la vida, y
del tiempo que se pierde en los sueños.
Inicia el descenso, el despertar afuera en las calles de
una ciudad informe que poco a poco estuvo tragándose sus deseos o su pericia, o
las dos cosas y se arriesga a bajar a revivir en el mundo, su mundo, a reeditar
sus ideas y a revalidar lo que hizo el día anterior, y el anterior a ese y los
otros días atrás.
Elimina la sensación de estar soñando, intenta disipar
esa realidad y empieza por descubrir que es de día, que es una mañana soleada y
que la edificación de su centro educativo es antigua y le brinda sabiduría
hasta en el reflejo de sus ventanales, así usted decide que reinventará su
pasado, como antes, pero esta vez, desde el futuro que ha soñado ayudándose del
presente que tiene ahora en sus manos.
Inicia su vida.
Tomasso’ 18 Ottobre 2012
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