viernes, 22 de marzo de 2013

Un recuerdo


Sonreías, veía tus dientes blancos y seguía hablando, hacer perdurar ese momento, misión del día. Un abrazo, una distancia, una sonrisa dibujada en mis ojos. Un lápiz dibujando la habitación, las sillas, el café y las miradas. Una hoja siendo lamparilla azul. Un tiempo que no existió y un espacio que se pintó en sonidos.
Recuerdos. A donde van. Los invento. Los recreo. Los aíslo. Los ignoro. Les hago señas para que vuelvan a mi memoria. Reaparecen danzantes, nuevos colores los dibujan y alargan sus pequeños flagelos que se mueven entre mis pensamientos y refluyen una que otra vez entre mis miradas, entre mis reflejos; destellos de nostalgia futura.

Después fue en una cafetería, te veías así tan bien como sabes.  Los reflejos en tus ojos mostraban un poco de impaciencia, luego aparecí yo y fui llenando ese espacio en tus pupilas, quizá solo fue otro error de percepción, uno causado por el ángulo de mi mirada. Ese día, esa noche manipulabas tus palabras de una forma tal que. Yo pude no hablarte, pude mirarte nada más, pero contigo deben existir las palabras, las justificaciones, no sabes hablar con los ojos o las sonrisas, o mejor, si lo haces, pero temes las conversaciones largas.
No olvidaré los detalles, tampoco mis palabras, eras mi tipo de mujer ideal, controlabas mis ideales, mis funciones autonómicas, mis reflejos, mis sacudidas corporales y sabías cómo hacer cambiar un ambiente descolorido por uno lleno de matices grises. Tienes la capacidad de hacerme bien. Contigo yo sonreía.



Tomasso’ 5 Marzo 2013

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